Sobre la decepción.

Decepción.- Pesar causado por un engaño. Así, lo describe el diccionario.

Creo que todos los adultos en nuestra vida, una o varias veces, hemos vivido decepciones. En este caso voy a hablar de cuando nos decepcionamos de las personas.

Sentirnos decepcionados de una persona no es agradable, involucra varios sentimientos como tristeza, enojo, incredulidad, puede incluso generar un sentimiento de traición dependiendo de las circunstancias. Muchos sabemos que nos decepcionamos cuando alguien no cumple con nuestras expectativas, es decir, la persona no cumple, no lleva a cabo, lo que esperábamos de ella.

Pero ¿por qué esperábamos cierto comportamiento de esa persona? La respuesta es, porque esa persona nos era agradable, y en muchos casos, sentimos cariño o incluso amor por esa persona. El sentir amor por una persona, nos lleva a enaltecerla y a esperar  que esa persona corresponda con ese cariño, admiración, amor. El compartir amor, implica querer compartir situaciones, circunstancias, momentos, acciones, de calidad amorosa, amistosa, cordial con la persona que nos inspira ese cariño o amor. Y así, sucesivamente, sin darnos cuenta, nos vamos llenando de expectativas, repito, esperando determinado comportamiento, que cuando no sucede, sentimos decepción.

Ante la decepción debemos ser conscientes que tal vez nosotros creamos en la persona atributos o cualidades que no tiene; debemos ser conscientes que este cariño o amor a la persona, nos llevó a crear en nuestra cabeza un personaje lleno de cualidades maravillosas; así, ante determinada situación de la vida, esperamos que aflore esa maravilla que creó nuestra cabeza, y al no ser así, como estamos viendo, viene la decepción. Darnos cuenta de esto, nos ayudará a salir más raṕido del proceso de decepción, ya que nos daremos cuenta que esa persona no era lo que nosotros creíamos. Esto es importante vivirlo sin sentimientos de soberbia o superioridad ante la otra persona. Asumir nuestra responsabilidad, de haber creado un personaje inexistente, nos ayudará a no sentirnos superiores, porque realmente, no lo somos.

También debemos considerar que esa persona tal vez sí tiene esos atributos y cualidades, pero no desea compartirlos con nosotros. Es doloroso sí, pero podemos ir trabajando en una aceptación acerca de que el otro no está obligado a darnos algo, no está obligado a darnos lo que nosotros queremos que nos de. Es digno buscarlo, pedirlo, pero si el otro nos deja claro que no desea compartir con nosotros, hay que aceptarlo. Aceptamos desde el saber que nosotros, también tenemos derecho a no compartir con quien no queramos y a no dar a quien no queramos.

No somos inferiores por crearnos expectativas, es un proceso lógico hacerlo, porque el cariño, admiración y amor, inspiran; pero sí podemos empezar a comprender nuestros propios propios procesos ante la decepción. También es sano comprender que no sólo hemos estado del lado de los decepcionados, sino que también hemos estado del lado de los que decepcionan. Tal vez  inconscientemente, hemos dado pie a que las personas generen expectativas acerca de nosotros y les hemos fallado; por los mismos motivos, o no fuimos las personas que esperaban, o no quisimos compartir con ellos.

Nunca debemos olvidarnos de esta doble dirección, por lo general cuando somos los decepcionados, traicionados, engañados, etcétera, nos sentimos muy ofendidos y lastimados, pero requiere valentía y responsabilidad, saber que nosotros también hemos ofendido y lastimado.

Hay que ser inteligentes para saber aceptar responsabilidades sin sentirse culpables, es decir, hay que saber y comprender las razones que nos llevaron a actuar de una u otra manera, y si detectamos acciones incorrectas, perdonarnos y perdonar, a su tiempo, con su respectivo proceso del perdón.

Nos ayudaría mucho también detectar qué aprendemos ante la decepción, no sólo quedarnos con la trillada frase de "algo tengo que aprender de todo esto", sino realmente, sentarnos a escribir, analizar, pensar y razonar, qué aprendemos; así nos volveremos más sabios, fuertes y tendremos una atención más aguda ante posibles situaciones en el futuro, para no vivir una simple repetición de hechos.

No seamos jueces severos con los otros, ni con nosotros mismos. Intentemos comprender que todos estamos en este planeta aprendiendo a vivir, aprendiendo a ser sabios. Seamos conscientes que todos tenemos muchos miedos, traumas, heridas, y que más bien deberíamos ser como una manada que se junta al calor del fuego a lamerse las heridas, y no jueces que se condenan sin piedad, parados en un pedestal de perfección que no existe.

Es claro que cada persona tiene la libertad de decidir con quienes sí quiere compartir su vida o momentos de ella y con quienes no. Pero lo vital es que estas decisiones surjan desde la paz y certeza, y no desde el enojo o de laprofunda decepción.

Por último, sepamos que los efectos de decepcionar son tristes y generan desconfianza en la persona, realmente esto, la pérdida de confianza, es lo que nos ha llevado a decidir que no queremos más en nuestro futuro a ciertas personas; ya que la confianza es la base de una relación que valga la pena. Pero hay que agradecerles el que hayan estado en nuestro pasado y que nos hayan decepcionado, porque gracias a eso, podemos aprender a no esperar nada, podemos aprender cada vez más a vivir sin expectativas de nadie, a vivir en una consciencia de mayor libertad, libres de los dramas humanos. Es posible.

Y si nos dan cosas bellas, si son maravillosas las personas con nosotros, si responden al cariño y amor que damos, a cuidarlos y cuidarnos de no ser decepcionantes.

Gracias!

Cecilia V.














Comentarios