En este mes cumpliría 87 años, nació en 1925 y nos dejó en 2006. Rodolfo Valencia fue un hombre que supo unificar su vida profesional con su vida personal, y hacer ambas congruentes, fructíferas y llenas de sentido.
Rodolfo Valencia fue actor, director, Maestro de la vida de muchos incluyendo la mía. Existen trabajos destacados de Rodolfo, dentro del mundo teatral, como el Teatro Campesino, el cual se llevaba a cabo en comunidades rurales, en muchas, donde nunca se había visto teatro jamás. Él tallereaba junto con los campesinos, escribían la obra o utilizaban un texto ya escrito, y los campesinos actuaban obras que hablaban acerca de sus problemáticas, generando así conciencia y cambios.
Destacó y es una persona emblemática en el teatro, por buscar, la especificidad en el lenguaje teatral, trabajarla y definirla, su trabajo es equiparable en teatro, a lo que es en cine el trabajo de Andrey Tarkovski que también buscaba la especificidad del lenguaje cinematográfico.
Podría escribir un libro entero acerca de la técnica actoral y concepción teatral de Valencia, pero lo que quiero destacar de él, es su conciencia y su manera de vivir. Fue una de esas personas que más que maestros, son sabios que uno se topa en el camino y que nos brindan nuevas posibilidades de caminar, ver, percibir y vivir.
Gran maestro de la técnica terapéutica Bioenergética, fue discípulo de los pioneros en esta técnica, la cual se enfoca en la liberación de los bloqueos energéticos en el cuerpo para alcanzar el gozo y el placer de vivir. A través de esta técnica, y demás aspectos del trabajo actoral profundo, Valencia nos llevaba a trabajar profundamente con nosotros mismos, quitando por completo esta tendencia esquizoide actoral, de "No soy yo, es el personaje", y extendía este tipo de trabajo hacia todos los aspectos de nuestra vida.
La Universidad Veracruzana tiene editado un libro con sus enseñanzas a nivel de técnica actoral, pero todos los que tuvimos la fortuna de ser sus amigos y alumnos, sabemos que sus enseñanzas iban mucho más allá de simplemente ser "Un buen actor o actriz". Gracias al trabajo de 3 años y medio con él, surgió en mí la visión de la posibilidad de ser terapeuta y facilitar talleres y cursos, mucho de lo que soy a nivel persona y profesión es gracias a él y he compartido muchas de sus enseñanzas a lo largo de estos años como terapeuta. Muchos no sabían de quién aprendí muchos de los pilares de mi conciencia, es justo que se sepa que fue de él.
Cuando él se fue, yo estaba en Buenos Aires Argentina, soñé que un ser tipo un ángel me decía que él iba a morir, y sucedió al día siguiente. Escribí un texto para difundirlo en la comunidad teatral en ese entonces y este texto expresa exactamente lo que él era y su relevancia, se que la relevancia que les comparto a continuación en la relevancia en la vida de muchos. Este es el texto:
Volando de la Ciudad de Buenos Aires a la Ciudad de Mèxico, recordaba el e-mail que me avisaba de la partida del Maestro Rodolfo Valencia, el cual habìa leìdo una noche antes de regresar a Mèxico; y el azul, tan azul del cielo, me recordaba el tono de sus ojos sabios.
Escribo esto para compartir con la comunidad teatral y con todos los que fuimos sus alumnos, colegas, amigos.
La labor en el teatro del Maestro Valencia fue callada, en silencio, ese silencio de los que aman su arte, ese silencio zen que contiene en su estar todo y no necesita nada màs. Valencia amaba al teatro, y para los afortunados del mundo, sì, del mundo, que llegamos a ser sus alumnos (en mi caso lo fuì 3 años consecutivos), sabemos que fue màs que un Maestro del arte teatral; Valencia fue y es Maestro de nuestras vidas, para èl el teatro y la vida eran una unidad -dignidad que pocas veces se ve en el medio teatral- vivièndose y enseñàndonos a vivir el teatro, el crear.
Valencia me enseñò a respirar bien -lo ùnico que necesito para vivir bien-, me enseñò a decir sì, a decir no, que no hay metas sino caminos, a tomar mi vida en mis manos, a expresar sin miedos mi amor, ternura, enojo, certeza, alegrìa, gozo, a hacer siempre lo que yo quiera hacer, a decir de verdad: Gracias, a mirar detràs de los ojos de la gente, a escuchar detràs de las voces de las personas, a leer un espacio y saber què sucede ahì; Valencia me enseñò a romper mis moldes de que "debe ser" de lo que "tengo que hacer", me enseñò que el tiempo no existe y que la liberaciòn mayor soy yo misma, a romper mis lìmites, a enfrentar mis sombras y transformarlas en algo luminoso, a ir màs allà de mis màscaras, a observar al otro, a observar todo, a saber que yo soy el otro, a fluir -algo que hoy me hace vivir en plenitud- a estar AQUÌ, a estar en el presente, a aceptar sin pelear que "es aquì en donde puedo estar por ahora", a que "yo soy mi centro" ...y la lista puede llegar a ser interminable.
Ahì en el 306 de la Facultad de Filosofìa y Letras de la UNAM, todos los lunes y mièrcoles por las mañanas pasaba algo fuera de todo dogma, de toda repeticiòn teatral; ahì en cada sesiòn Valencia nos alejaba de una educaciòn para el miedo y la frustraciòn, y nos compartìa la posibilidad de un teatro-vida pleno, lleno de gozo, libre, sabio. No hay ni un sòlo ser que haya estado cerca de Valencia, con conciencia y lucidez, que no haya sido transformado por su sabidurìa y luminosidad amorosa. Valencia amaba a sus alumnos, yo lo pude ver muchas veces en sus ojos de reflejos azules, lo pude escuchar muchas màs en sus tonos al hablarnos, al enseñarnos, en su alegrìa de ver que de poco a poco ìbamos comprendiendo, despertando del letargo.
Valencia era de los Maestros que iba a ver las puestas en escena de sus alumnos, Valencia se interesaba en los seres humanos de forma pura y honesta; Valencia era de los seres que èl mismo te hacìa un pastel de manzana, te ofrecìa tè en su propia casa y se sentaba a hablar de tì, de èl, de tus puestas en escena, de su vida dentro del Teatro (sì teatro con mayùsculas el que èl hizo), de su hijo, de la vida; sabìa lo que es compartir.
Valencia era un transformador de la conciencia humana, amando al gènero humano, trabajando ahì en las comunidades rurales de Mèxico, cambiando vidas, abriendo posibilidades con su arte; demostrando que con una tècnica maestra, cualquier persona que asì lo quiera, puede compartir algo valioso y verdadero en un escenario.
Ahora Valencia pasò "al otro lado", y todos sus alumnos saben a lo que me refiero al decir esto; Valencia viviò como una llama encendida a cada instante; hoy, esa llama no se extinguiò simplemente pasò al otro lado, yo Cecilia, sè que lo logrò, cruzò con seguridad la cuerda floja y se plantò AQUÌ como un super hombre, como un hombre que supo SER, ESTAR, DAR, RECIBIR, siempre con una integridad y fuerza de acero inolvidable. Sabidurìa pura.
Èl nos decìa: "Nadie es indispensable, pero todos, somos insustituibles", asì es, nadie va a sustituir jamàs a Valencia y èl ya no nos es indispensable porque nos compartiò su saber y ahora es nuestro saber.
El mejor homenaje que podemos hacerle a Valencia sus alumnos, colegas, amigos (como nos llamò a algunos), es vivirnos como èl nos enseñò, vivir en transformaciòn constante como lo estuvo nuestra vida desde que èl estuvo acà, el mejor homenaje es reconocernos como posibilidades puras, en libertad, respirando, viviendo con gozo y lucidez, en presente, y por encima de todo, compartir con los otros, con el mundo, desde cualquier escenario de la vida, lo que nos compartiò èl, esas formas de percibir, de crear, de fluir, de liberar.
Hoy yo no siento angustia de su paso al otro lado, porque sè que se fue respirando, sè que encontrò belleza en ese paso, sè que encontrò la vida existente en la "muerte" (y esto interprètenlo de acuerdo a su propio saber). Pero hoy,
Rodolfo Valencia fue actor, director, Maestro de la vida de muchos incluyendo la mía. Existen trabajos destacados de Rodolfo, dentro del mundo teatral, como el Teatro Campesino, el cual se llevaba a cabo en comunidades rurales, en muchas, donde nunca se había visto teatro jamás. Él tallereaba junto con los campesinos, escribían la obra o utilizaban un texto ya escrito, y los campesinos actuaban obras que hablaban acerca de sus problemáticas, generando así conciencia y cambios.
Destacó y es una persona emblemática en el teatro, por buscar, la especificidad en el lenguaje teatral, trabajarla y definirla, su trabajo es equiparable en teatro, a lo que es en cine el trabajo de Andrey Tarkovski que también buscaba la especificidad del lenguaje cinematográfico.
Podría escribir un libro entero acerca de la técnica actoral y concepción teatral de Valencia, pero lo que quiero destacar de él, es su conciencia y su manera de vivir. Fue una de esas personas que más que maestros, son sabios que uno se topa en el camino y que nos brindan nuevas posibilidades de caminar, ver, percibir y vivir.
Gran maestro de la técnica terapéutica Bioenergética, fue discípulo de los pioneros en esta técnica, la cual se enfoca en la liberación de los bloqueos energéticos en el cuerpo para alcanzar el gozo y el placer de vivir. A través de esta técnica, y demás aspectos del trabajo actoral profundo, Valencia nos llevaba a trabajar profundamente con nosotros mismos, quitando por completo esta tendencia esquizoide actoral, de "No soy yo, es el personaje", y extendía este tipo de trabajo hacia todos los aspectos de nuestra vida.
La Universidad Veracruzana tiene editado un libro con sus enseñanzas a nivel de técnica actoral, pero todos los que tuvimos la fortuna de ser sus amigos y alumnos, sabemos que sus enseñanzas iban mucho más allá de simplemente ser "Un buen actor o actriz". Gracias al trabajo de 3 años y medio con él, surgió en mí la visión de la posibilidad de ser terapeuta y facilitar talleres y cursos, mucho de lo que soy a nivel persona y profesión es gracias a él y he compartido muchas de sus enseñanzas a lo largo de estos años como terapeuta. Muchos no sabían de quién aprendí muchos de los pilares de mi conciencia, es justo que se sepa que fue de él.
Cuando él se fue, yo estaba en Buenos Aires Argentina, soñé que un ser tipo un ángel me decía que él iba a morir, y sucedió al día siguiente. Escribí un texto para difundirlo en la comunidad teatral en ese entonces y este texto expresa exactamente lo que él era y su relevancia, se que la relevancia que les comparto a continuación en la relevancia en la vida de muchos. Este es el texto:
Volando de la Ciudad de Buenos Aires a la Ciudad de Mèxico, recordaba el e-mail que me avisaba de la partida del Maestro Rodolfo Valencia, el cual habìa leìdo una noche antes de regresar a Mèxico; y el azul, tan azul del cielo, me recordaba el tono de sus ojos sabios.
Escribo esto para compartir con la comunidad teatral y con todos los que fuimos sus alumnos, colegas, amigos.
La labor en el teatro del Maestro Valencia fue callada, en silencio, ese silencio de los que aman su arte, ese silencio zen que contiene en su estar todo y no necesita nada màs. Valencia amaba al teatro, y para los afortunados del mundo, sì, del mundo, que llegamos a ser sus alumnos (en mi caso lo fuì 3 años consecutivos), sabemos que fue màs que un Maestro del arte teatral; Valencia fue y es Maestro de nuestras vidas, para èl el teatro y la vida eran una unidad -dignidad que pocas veces se ve en el medio teatral- vivièndose y enseñàndonos a vivir el teatro, el crear.
Valencia me enseñò a respirar bien -lo ùnico que necesito para vivir bien-, me enseñò a decir sì, a decir no, que no hay metas sino caminos, a tomar mi vida en mis manos, a expresar sin miedos mi amor, ternura, enojo, certeza, alegrìa, gozo, a hacer siempre lo que yo quiera hacer, a decir de verdad: Gracias, a mirar detràs de los ojos de la gente, a escuchar detràs de las voces de las personas, a leer un espacio y saber què sucede ahì; Valencia me enseñò a romper mis moldes de que "debe ser" de lo que "tengo que hacer", me enseñò que el tiempo no existe y que la liberaciòn mayor soy yo misma, a romper mis lìmites, a enfrentar mis sombras y transformarlas en algo luminoso, a ir màs allà de mis màscaras, a observar al otro, a observar todo, a saber que yo soy el otro, a fluir -algo que hoy me hace vivir en plenitud- a estar AQUÌ, a estar en el presente, a aceptar sin pelear que "es aquì en donde puedo estar por ahora", a que "yo soy mi centro" ...y la lista puede llegar a ser interminable.
Ahì en el 306 de la Facultad de Filosofìa y Letras de la UNAM, todos los lunes y mièrcoles por las mañanas pasaba algo fuera de todo dogma, de toda repeticiòn teatral; ahì en cada sesiòn Valencia nos alejaba de una educaciòn para el miedo y la frustraciòn, y nos compartìa la posibilidad de un teatro-vida pleno, lleno de gozo, libre, sabio. No hay ni un sòlo ser que haya estado cerca de Valencia, con conciencia y lucidez, que no haya sido transformado por su sabidurìa y luminosidad amorosa. Valencia amaba a sus alumnos, yo lo pude ver muchas veces en sus ojos de reflejos azules, lo pude escuchar muchas màs en sus tonos al hablarnos, al enseñarnos, en su alegrìa de ver que de poco a poco ìbamos comprendiendo, despertando del letargo.
Valencia era de los Maestros que iba a ver las puestas en escena de sus alumnos, Valencia se interesaba en los seres humanos de forma pura y honesta; Valencia era de los seres que èl mismo te hacìa un pastel de manzana, te ofrecìa tè en su propia casa y se sentaba a hablar de tì, de èl, de tus puestas en escena, de su vida dentro del Teatro (sì teatro con mayùsculas el que èl hizo), de su hijo, de la vida; sabìa lo que es compartir.
Valencia era un transformador de la conciencia humana, amando al gènero humano, trabajando ahì en las comunidades rurales de Mèxico, cambiando vidas, abriendo posibilidades con su arte; demostrando que con una tècnica maestra, cualquier persona que asì lo quiera, puede compartir algo valioso y verdadero en un escenario.
Ahora Valencia pasò "al otro lado", y todos sus alumnos saben a lo que me refiero al decir esto; Valencia viviò como una llama encendida a cada instante; hoy, esa llama no se extinguiò simplemente pasò al otro lado, yo Cecilia, sè que lo logrò, cruzò con seguridad la cuerda floja y se plantò AQUÌ como un super hombre, como un hombre que supo SER, ESTAR, DAR, RECIBIR, siempre con una integridad y fuerza de acero inolvidable. Sabidurìa pura.
Èl nos decìa: "Nadie es indispensable, pero todos, somos insustituibles", asì es, nadie va a sustituir jamàs a Valencia y èl ya no nos es indispensable porque nos compartiò su saber y ahora es nuestro saber.
El mejor homenaje que podemos hacerle a Valencia sus alumnos, colegas, amigos (como nos llamò a algunos), es vivirnos como èl nos enseñò, vivir en transformaciòn constante como lo estuvo nuestra vida desde que èl estuvo acà, el mejor homenaje es reconocernos como posibilidades puras, en libertad, respirando, viviendo con gozo y lucidez, en presente, y por encima de todo, compartir con los otros, con el mundo, desde cualquier escenario de la vida, lo que nos compartiò èl, esas formas de percibir, de crear, de fluir, de liberar.
Hoy yo no siento angustia de su paso al otro lado, porque sè que se fue respirando, sè que encontrò belleza en ese paso, sè que encontrò la vida existente en la "muerte" (y esto interprètenlo de acuerdo a su propio saber). Pero hoy,
sì me llena una fuerte tristeza de no volver a ver, màs que en mis recuerdos, sus ojos azules totales.
El mejor homenaje no es recordar, es vivir, es poder decir AQUI. Y el mayor èxito no es la fama teatral ni el reconocimiento mundial; el mayor èxito es pasar al otro lado y dejar muchas, muchas vidas despiertas, caminando en plenitud, libres, amando, llenas de gozo, como la mìa, y sè que todas estas posibilidades de vida empezaron en mì dentro de la clase del Maestro Rodolfo Valencia...AMIGO, COMPAÑERO DE VIAJE...GRACIAS.
El mejor homenaje no es recordar, es vivir, es poder decir AQUI. Y el mayor èxito no es la fama teatral ni el reconocimiento mundial; el mayor èxito es pasar al otro lado y dejar muchas, muchas vidas despiertas, caminando en plenitud, libres, amando, llenas de gozo, como la mìa, y sè que todas estas posibilidades de vida empezaron en mì dentro de la clase del Maestro Rodolfo Valencia...AMIGO, COMPAÑERO DE VIAJE...GRACIAS.
Debo aclarar que cuando escribí este texto, no existían las redes sociales, y mi computadora ponía los acentos invertidos.
Comparto con ustedes, lectores de mi blog, esto, porque considero que hay muchos personajes valiosos, que no son famosos, porque nunca lo buscaron ni quisieron así, pero que es justo que se conozcan (por ello mi sección de entrevistas a gente valiosa pero no famosa) Rodolfo Valencia es uno de ellos, lo recuerdo siempre, es parte de mi vida y en este mes que cumpliría años, le dedico la sección El personaje del mes.
Gracias.
Cecilia V.

Conocí al maestro Valencia en la escuela de teatro de Bellas Artes a inicios de los años setenas, fue mi maestro de actuación además de un gran guía y amigo. Valencia cambió mi vida, le re orientó y dio sentido de vida, así como de trascendencia. Esto que declara Cecilia sobre de él es como si yo lo hubiera escrito, ella lo describe muy bien, lástima no conocer personalmente a Celia, somos hermanos bioenergéicos e hijos del maestro Valencia.
ResponderEliminarRodolfo fue mi mentor y el mejor amigo que un joven de 20 podría tener. Lo conocí en los 1960's, poco antes de ir a Cuba con su compañera, Waldeen y su hijo Damian. Lo recuerdo siempre.
ResponderEliminarPablo
Casualmente me topo con este bello artículo que, sin duda, honra con creces la memoria del maestro Valencia y que además, a los que fuimos en algún momento sus alumnos (como en mi caso), nos refresca y revitaliza al recuperar palabras, conceptos, sensibilidades y visiones que, flotando en un recoveco intemporal, vuelven a tomar forma y dirección mediante esa huella profunda e intangible con la cual, el propio Rodolfo, nos reconstituía como seres creativos y transparentes...
ResponderEliminarEnhorabuena por ésta gran aportación.
Gran maestro de la técnica terapéutica Bioenergética, fue discípulo de los pioneros en esta técnica, la cual se enfoca en la liberación de los bloqueos energéticos en el cuerpo para alcanzar el gozo y el placer de vivir. A través de esta técnica, y demás aspectos del trabajo actoral profundo, Valencia nos llevaba a trabajar profundamente con nosotros mismos, quitando por completo esta tendencia esquizoide actoral, de "No soy yo, es el personaje", y extendía este tipo de trabajo hacia todos los aspectos de nuestra vida. Cecilia V.
ResponderEliminarGran maestro de la técnica terapéutica Bioenergética, fue discípulo de los pioneros en esta técnica, la cual se enfoca en la liberación de los bloqueos energéticos en el cuerpo para alcanzar el gozo y el placer de vivir. A través de esta técnica, y demás aspectos del trabajo actoral profundo, Valencia nos llevaba a trabajar profundamente con nosotros mismos, quitando por completo esta tendencia esquizoide actoral, de "No soy yo, es el personaje", y extendía este tipo de trabajo hacia todos los aspectos de nuestra vida. Cecilia V.
ResponderEliminarMuchas gracias a todos por sus comentarios! Me alegra que el Maestro Sabio Valencia, también haya tocado sus vidas.Cecilia V.
ResponderEliminarEn verdad me conmueven todas y todos, gracias, es impresionante la huella dejada por el amado maestro en cada una y uno.
ResponderEliminarRecuerdo que en Amecameca, Edo.,de México, realizaron un encuentro de teatro, en el año... y quien tenia el microfono anuncio...(estábamos sentados en la tribuna él y yo).
- ¡ Se encuentra con nosotros el padre del teatro campesino y popular de México...el maestro Rodolfo Valencia ! -
Una alegre y cariñosa ovación acompañó sus palabras...en ese momento el maestro se me acerca y me dice al oído.
- ¡ Soy la madre...yo lo parí ! -
En algún momento me enseñó la carta que le envió el subcomandante Insurgente Marcos para solicitarle fuese asesor de las comunidades indígenas zapatistas en los diálogos de Catedral, como a muchas otras y otros mexicanos dignos, honestos y justos...lo hizo llenó de orgullo y satisfacción con esos ojos suyos brillantes de amor por su pueblo.
Este episodio es muy importante, para mi, pues tiene que ver con con la "otra" historia, la que borra el poder, la que no se escribe...y con el trabajo que desarrollo en Chiapas.
Entre las cosas que compartimos, me relato y contó todo lo que sucedió alrededor de ella, estuvo una obra de teatro que creó con hermanos tzotziles llamada "El Pájaro Kú" y se darán cuenta al leer el siguiente párrafo de una tesis de maestría sobre las FLN (Fuerzas de Liberación Nacional), de esa huella del maestro y la responsabilidad que tenemos para que permanezca quede evidencia y sirva para seguir aprendiendo.
"...Además del Congreso Indígena de 1974, otras experiencias previas que habían permitido la difusión de nuevas ideas en la región, fueron la Escuela de Desarrollo Regional (EDR) del INI, establecida en 1971 en San Cristóbal, y la Escuela de Teatro Rural (ETR) patrocinada por la CONASUPO en 1973, en las que se formaron algunos hijos de ejidatarios de la región Norte, tzotziles y choles. La directora de la EDR, Mercedes Olivera, había sido nombrada por el Subsecretario de Cultura Popular de la SEP, Gonzalo Aguirre Beltrán en 1971. Militante del PCM y crítica del indigenismo oficial, Olivera fue expulsada a los pocos meses por fomentar una conciencia étnica y de clase entre los indios, pues el INI temía que se fomentara un “poder indio”. Sin embargo, la ETR se separó del INI y funcionó de forma independiente, con un número aproximado de cien alumnos (la mayoría del Norte). Sus actores “recorrían ranchos, ejidos y fincas representando escenas de la explotación del hombre por el hombre y del papel… que juega la ideología en el mantenimiento de formas atrasadas de producción”..." (1)
(1) El suspiro del silencio. de la reconstrucción de las FLN a la fundación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional(1974-1983).
Tesis que para obtener el grado de: maestra en Estudios Latinoamericanos presenta Adela Cedillo Cedillo; Tutora: Dra. Alba Teresa Estrada Castañón.Esta investigación fue realizada con el apoyo de Conacyt.México D.F.,CU, noviembre de 2010.
Un enorme y fraternal abrazo a todas y todos.
Gorki Cuauhtémoc Buentello P.