Cargar sólo nuestra mochila.

Muchos de los desórdenes a nivel pareja, familiar, social, se deben a que no se comprende la vida y con ello la responsabilidad de cada persona, y esto es consecuencia de que no se comprende la propia vida y la propia responsabilidad.

Ya hemos hablado que responsabilidad podría definirse como la habilidad para responder a la realidad. Responsabilidad no tiene nada que ver con la palabra y el concepto culpa. La culpa lleva implícita un castigo, y deslinda la responsabilidad de la otra parte del conflicto. Siempre, para que exista un conflicto, se necesitan dos fuerzas oponiéndose en la misma intensidad; entonces, ambas partes son responsables de generar y vivir un conflicto. La culpa excluye a una de las partes, dejándola libre de responsabilidad, e imprime un castigo a la otra parte, generando una condición de injusticia, porque aunque no les guste a las personas saberlo: Si estás dentro de un conflicto, tú contribuyes con tu responsabilidad (con tu manera de responder a la realidad) para que ese conflicto exista, al igual que la otra parte, persona, etcétera, también contribuye con su responsabilidad.

Sano es, cuando se está dentro de un conflicto de cualquier tipo preguntarse ¿Cómo, con qué, de qué manera, estoy contribuyendo a este conflicto? Si logras encontrar tu responsabilidad, asumirla, corregirla, y decides dejar de darle fuerza al conflicto, el conflicto se diluirá, aunque la otra parte siga empujando, ya no habrá conflicto, sólo quedará la otra parte en conflicto, pero esto, ya no sería tu responsabilidad. Ya no sería parte de tu mochila.

Utilizo la metáfora de la mochila, porque es más fácil comprenderlo así. Si vas a realizar un viaje de muchos días a pie, cuidarías mucho qué cosas te vas a llevar, qué cosas vas a meter a tu mochila; cuidarías no poner en tu mochila nada innecesario o muy pesado, porque vas a caminar varios días y no quieres acabar más agotado de lo que ya implica, ¿Verdad? Pues lo mismo ocurre cuando cargas lo que no te corresponde en la vida, cuando cargas asuntos, situaciones, problemas de los demás, acabas cansado, agotado y lo peor es que cargando lo de los demás, no les das ni tú, ni los demás, solución a los problemas.

En nuestra sociedad existe una gran confusión con respecto al amor, con respecto a amar a alguien, además de que existe una asociación totalmente errada, de que amar implica sacrificarse por los demás, que amar realmente implica ser casi un mártir. La mayoría al leer este párrafo me diría: "Yo no veo así el amor, yo no lo vivo de esa manera". Por supuesto, de manera consciente y clara no lo puedes ver, porque el origen de estas conductas erradas basadas "en el nombre del amor", son totalmente inconscientes, albergadas en espacios de ti que no puedes ver de manera fácil, pero que te tienen condicionado hace generaciones. Sí, hace generaciones, porque ya sabemos que lo que se hereda, no sólo son las características físicas de nuestros ancestros, sino también las características sistémicas familiares, y hay que hacer un arduo trabajo en uno mismo para liberar esta información, de otra forma, simplemente eres una conciencia limitada programada de acuerdo al pasado, de acuerdo a la sociedad.

En esta confusión de lo que es el amor, muchas personas cargan con situaciones, problemas, asuntos que no les corresponden, que son de sus familiares, colegas, amigos, etcétera. Y esto es un amor ciego. Ciego porque no te das cuenta, porque no lo puedes ver, y si hay algo lúcido es el amor en su más pura expresión, pero como lo estamos viendo, hay muchos errores en su entendimiento, porque sólo se puede entender bien lo que se vive y este mundo entiende el amor condicionado. De ahí las personas demanera consciente o inconsciente tienen el razonamiento: "Si te quiero, si te amo, debo cargar con esto que tú también cargas. Si no lo hago seré egoísta y deslelal". Lamentablemente es todo lo contrario, eres egoísta y deslelal si lo cargas, y te voy a explicar por qué.

El egoísmo nos lleva a sentirnos muy importantes, más importantes o al menos más fuertes que el que pasa por problemas; desde tu ego, decides que tú vas a logar sacar a esa persona de sus problemas y desde tu ego la observas como víctima, pensando que no merece pasar por eso en su vida y crees que puedes cargar con ello, lo que la gente llama ayudar. Es desleal cargar con lo que les corresponde cargar a otros, porque ellos llevan ese camino por una o mil razones, y cuando tú quieres que no caminen por lo que les corresponde, los estás queriendo sacar de su propio aprendizaje, razones, designios de vida. Entonces las personas deciden cargar ellos lo que les corresponde a otros y lo peligroso de esta situación es que nadie más nos puede resolver nuestros propios conflictos, nadie más puede vivir por nosotros.

Como ya lo dije, al cargarle a otro su situación, persona,asuntos, etcétera, le quitas las oportunidades de que su alma aprenda a resolver sus propias cuestiones; tú te agotas, te cansas, y tampoco puedes resolver los asuntos, porque no son tuyos, porque no te corresponden a ti.

Amar a otro es respetarlo, y el respeto implica dejar al otro en absoluta libertad. Amar implica hacerle saber al otro que respetaremos el camino que elija para su vida y sus resoluciones. Amar es que el otro sepa que aquí estamos para ayudarle cuando él lo decida, amar no es imponer ni decidir sobre la vida de otros, ni tus ideas, ni tus creencias, ni tus juicios. Amar es dejar en libertad. Aamr es dejar en libertad a tu pareja, a tus amigos, a tu familia, a tus hijos, a tus colegas, a las personas. Porque a todos nos gusta que nos respeten y amen, hagamos lo mismo.

La ayuda. Se puede ayudar siempre a una o muchas personas, pero esa ayuda no debe desviarte de tu propio camino y vida. Es muy distinto ayudar, a cargar con lo que es de otros y deben cargarlo ellos. Así como tú debes cargar lo tuyo. Recuerda, cada quien su mochila. Si yo llevo una mochila muy pesada y tú me la cargas "por amor", nunca me daré cuenta que he metido cosas pesadas y que no necesito, porque tú llevas el peso, y tú no podrás sacar cosas de mi mochila porque es mía y tú no puedes decidir qué me es útil y qué no. ¿Comprendes? La ayuda es tal vez, preguntarme si no me pesa demasiado, sugerirme que puedo liberar cosas, enseñarme tu mochila y ver cómo has aprendido a acomodarla tú, pero yo soy la única que debo detenerme en el camino, observar mis elecciones y tomar la decisión de cómo voy a aligerar mi mochila. Y tú debes respetar si decido hacerla más ligera o no, así como yo debo respetar que tú quieras ayudarme y cómo llevas tú tu mochila.

Toda ayuda verdadera se da en silencio y de manera incondicional, lo demás son vanaglorias y debilidades del ego. 

Para crecer y madurar, es necesesario ser conscientes de nuestras responsabilidades en todos los asuntos de nuestra vida. Nos hemos equivocado, sí, y seguiremos aprendiendo; pero no lograremos un caminar más ligero si no nos sentamos a regresar su mochila a  cada uno, a revisar la nuestra y ver cómo cada vez podemos hacerla más ligera.

Esta metáfora de la mochila me la enseñó Luca como aprendizaje de su pasión en los caminos, y se las comparto con gusto para que nos ayude a comprender que cada alma lleva sus aprendizajes y que debemos ser humildes para entender que nadie controlará sus propios aprendizajes, hasta que sepa amar de verdad.

Así que aprende a amarte, respetarte, y ser libre, para que logres amar a los demás, respetarlos y dejarlos ser libres de sus elecciones, le gusten o no, a esa ficción que se toma tan verdadera: Tu ego.

Gracias!

Cecilia V.














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