Todos hemos estado inmersos en situaciones en las que hemos necesitado la ayuda de los demás.
Ayudar en un acto que está al alcance de todos y que nos da poder cada vez que lo hacemos. No hablo del poder como lo entiende el mundo, hablo del poder de ir al corazón y encontrar lo que somos en Esencia. Ayudar, da ese poder.
Con el poder de ayudar, somos capaces de ir creando una red comunitaria de evolución y crecimiento.
Debemos ser conscientes de que cuando ayudemos, debe existir un equilibrio. He observado a muchas personas ayudar a otros de manera inadecuada, tratando de resolverles al cien por ciento sus problemas a los demás, dejando de lado su propia vida, desgastándose en un ayudar que va en contra de ellos mismos. Al ayudar debemos saber y tener muy claro, cuáles son las responsabilidades de la persona a la que estamos ayudando, es decir, ser conscientes de qué cosas no podremos resolverle, y además, no nos corresponde.
Ayudar es poder darle al otro, vías, accesos, medios, para que por sí mismo, pueda resolver lo que necesita. Ayudar también muchas veces es acompañar al otro durante un proceso difícil, pero no asumir sus cargas.
Al ayudar siempre debemos poder seguir nuestros objetivos y ritmo de vida, es decir, si por ayudar, descuidamos nuestra propia vida, estamos cometiendo un error peligroso para nosotros mismos. Pero, sabemos que hay situaciones que son excepciones y tal vez requieran más entrega de nuestra parte a ayudar. Cada situación es distina pero debemos siempre tener claro el tipo de situación y nuestro accionar dentro de ella.
Todos tenemos el poder de ayudar y de impulsar a generar cambios positivos en el otro, entre todos podemos generar comunidades que se tiendan más la mano y desbaratar esta tendencia de ambición y egoísmo imperante en la sociedad de hoy.
Porque sólo cuando comprendamos que todos somos la misma Esencia, y que si ayudas a otro te ayudas a ti, y que si ignoras a otro te ignoras a ti; como sociedad, nos empezaremos a hacer más responsables de nuestros entornos y seremos más libres y plenos.
Gracias!
Cecilia V.
Ayudar en un acto que está al alcance de todos y que nos da poder cada vez que lo hacemos. No hablo del poder como lo entiende el mundo, hablo del poder de ir al corazón y encontrar lo que somos en Esencia. Ayudar, da ese poder.
Con el poder de ayudar, somos capaces de ir creando una red comunitaria de evolución y crecimiento.
Debemos ser conscientes de que cuando ayudemos, debe existir un equilibrio. He observado a muchas personas ayudar a otros de manera inadecuada, tratando de resolverles al cien por ciento sus problemas a los demás, dejando de lado su propia vida, desgastándose en un ayudar que va en contra de ellos mismos. Al ayudar debemos saber y tener muy claro, cuáles son las responsabilidades de la persona a la que estamos ayudando, es decir, ser conscientes de qué cosas no podremos resolverle, y además, no nos corresponde.
Ayudar es poder darle al otro, vías, accesos, medios, para que por sí mismo, pueda resolver lo que necesita. Ayudar también muchas veces es acompañar al otro durante un proceso difícil, pero no asumir sus cargas.
Al ayudar siempre debemos poder seguir nuestros objetivos y ritmo de vida, es decir, si por ayudar, descuidamos nuestra propia vida, estamos cometiendo un error peligroso para nosotros mismos. Pero, sabemos que hay situaciones que son excepciones y tal vez requieran más entrega de nuestra parte a ayudar. Cada situación es distina pero debemos siempre tener claro el tipo de situación y nuestro accionar dentro de ella.
Todos tenemos el poder de ayudar y de impulsar a generar cambios positivos en el otro, entre todos podemos generar comunidades que se tiendan más la mano y desbaratar esta tendencia de ambición y egoísmo imperante en la sociedad de hoy.
Porque sólo cuando comprendamos que todos somos la misma Esencia, y que si ayudas a otro te ayudas a ti, y que si ignoras a otro te ignoras a ti; como sociedad, nos empezaremos a hacer más responsables de nuestros entornos y seremos más libres y plenos.
Gracias!
Cecilia V.

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