Cuidarnos entre todos.

Indiferencia, egoísmo, son dos grandes enfermedades en la humanidad, y nos cuestan muy caro.

Es común ver hermandad, solidaridad, apoyo, entre familias, grupos de amigos o ciertas comunidades; y desgraciadamente esta hermandad, solidaridad, apoyo, se termina donde se terminan sus núcleos familiares, sociales, amistosos. ¿Por qué? ¿Quién o qué nos metió esta idea tan absurda y miedosa de que los demás fuera de nuestros núcleos no son importantes? 

La humanidad, con toda su carga histórica ya debió haber comprendido que vivir sin importarnos el otro, a la larga y a la corta, nos afecta a todos. 

Las muy limitantes frases que siempre escuchamos: "¿ Y yo por qué tengo que limpiar si los demás no limpian?" "¿Y yo porqué tengo que quitar la piedra que tiró el otro?" "¿Y yo porqué si yo no tiré, rompí, ensucié?" Y podría seguir y seguir con más frases. 

Humanamente todavía no aprendemos a evitarnos, gratuitamente, muchos desequilibrios entre todos. Y sucede en todos los ámbitos y espacios de la vida; a nivel laboral, a nivel de vecindario, en la calle, en el tránsito. No estoy hablando de resolverle la vida a los demás y adjudicarse asuntos a resolver que no nos corresponde resolver, estoy hablando de ayudar desinteresadamente por el bien común, desinteresadamente quiere decir, sin esperar que me lo reconozcan o agradezcan. La recompensa está en que entre unos y otros podemos evitarnos muchos problemas.

Pero se malentiende el evitarse problemas, las personas han preferido no ayudar para evitarse problemas. Estoy de acuerdo, hay gente que está muy asustada, la han tratado con mucho desamor y ante cualquier ayuda agrede, porque ha recibido muchas agresiones, pero no todas las personas reaccionan igual; no podemos condicionar nuestras acciones de vida por un hecho pasado que no fluyó adecuadamente.

Sería un buen principio empezar en nuestro vecindario, calle, edificio, fraccionamiento, en nuestro trabajo, al andar en la calle. Y aquí va la cosa más importante no esperes que te lo reconozcan, no esperes que te lo agradezcan, no esperes que los vecinos toquen a tu puerta con un pastel por tus acciones, si sucede, ya es un regalo hermoso, pero si no sucede, repito, la recompensa no está ahí, está en:

Saber que nos estamos haciendo responsables de crearnos una vida más plena, más bella, más equilibrada. Y tú también vas a disfrutar de los beneficios de tus acciones, al igual que los tuyos.

Perdón pero no podemos llamarnos humanos, cuando seguimos discriminando gente porque:

No es de nuestro mismo color de piel.
No es de nuestro mismo lugar de nacimiento.
No piensa igual que nosotros.
No tiene las mismas creencias que nosotros.
No tiene las mismas maneras de vivir que nosotros.
No se ve igual que nosotros.
No habla igual que nosotros.
No tiene los mismos ingresos que nosotros.
No tiene la misma preparación que nosotros.
Y cualquier otra justificación para hacer a un lado a alguien por nuestros prejuicios.

Existen maneras más profundas en el trabajo con la conciencia de cuidarnos y ayudarnos, que son más poderosas y sutiles, tal vez alguien te está ayudando y cuidando y tú no lo sabes; mientras no aprendas cómo usar tu conciencia a estos niveles, empezar por las acciones te abrirá el camino.

La invitación es esforzarnos en cuidarnos un poco más los unos a los otros, todos necesitamos de todos para poder fluir y vivir en mayor plenitud, como decía la sabia Mafalda: 

"¿Pensaron alguna vez que si no fuera por todos nadie sería nada"?

Gracias.

Cecilia V. 






Comentarios