Me toca el tema y me hace reflexionar acerca de él, por casos cercanos y la llegada de un nuevo bebé a mi familia de almas. Reflexiones que comparto con ustedes.
Los humanos estamos inmersos en estructuras de creencias diversas, y cada vez más me convenzo de que no nos sirve tener creencias (compréndase, que creer no es igual que saber). Referente al tema de tener o no hijos, existen un sin fin de creencias y justificaciones para tener hijos o no. Todas son respetables, pero creo que todas debemos ponerlas en tela de juicio, a examinar, para ver si nos ayudan o más bien nos siguen metiendo en patrones repetitivos de nuestro árbol genealógico.
Se nos ha hablado de la responsabilidad inmensa de tener hijos, y esto es real. También es válida la libre elección de tener o no hijos. Pero esta serie de creencias que seguimos sin cuestionar, o tal vez sin darnos cuenta de sus errados fundamentos, han traído mucho dolor y sufrimiento a mucha gente.
Algunas de las creencias son:
Un hijo es la felicidad completa.
Si tengo un hijo me realizaré como mujer o como padre.
Si solo tengo un hijo será infeliz por no tener hermanos.
Tendré otro hijo para darle un hermano a mi hijo porque nadie lo va a acompañar y apoyar como su hermano.
Tendré otro hijo (a) a ver si llega la niña o el niño.
Tendré un hijo para no quedarme sola cuando envejezca.
Tendré muchos hijos para no quedarme sola en la vida.
Mis padres se van a realizar como abuelos si les doy un nieto.
Y así, podría seguir y seguir con la lista. Debemos ser valientes y darnos cuenta que todas estas ideas son creencias falsas; un hijo no es garantía de nada para nuestra vida, un hermano no es garantía de compañía y lealtad. No está garantizado que un hijo sea la felicidad, no toda la gente que ha tenido hijos ha sido feliz, no toda la gente que los ha tenido se ha realizado, no todos los hijos únicos fueron infelices y de adultos no todos están solos. En la vida nada es garantía de nada y todo es un riesgo inmenso. Hay miles de casos que no apoyan estas creencias, por lo tanto son falsas.
Y la otra parte de este asunto de creencias es que se convierte a los niños en objetos, sí, ¿Por qué? Porque se les confiere una utilidad, el que seamos personas, implica que no tenemos utilidad, no somos utilitarios, un objeto sí tiene utilidad, y desgraciadamente muchas veces le conferimos utilidad a los niños. En el conjunto de creencias de que un bebé va a cubrir un deseo, o traerlo a la vida porque se quiere tener un hijo de otro sexo, o para compañía, o para alegría de los abuelos, etc.
Los niños no deben llegar para cubrir huecos que los adultos no hemos sabido resolver, porque después de la excitación del primer año de vida del bebé, esos huecos empezarán a reclamar su espacio y seguiremos sin esos asuntos y carencias resueltos. Los bebés, no son tapones de tuberías de tristezas o cupones de felicidad y éxito de por vida.
La manera más evolucionada que entendemos de percibir el asunto es que los bebés, deben llegar y ya, sin motivo, sin expectativas, para dejar abiertas todas las posibilidades de vida en libertad para esa alma que llega con cuerpo nuevo. No estoy diciendo que no se deben planificar, eso ya entra en los parámetros de cada adulto, no estoy diciendo que niñas deban tener hijos. Lo que estoy diciendo es que dejemos de QUERER que venga por x razón un bebé, porque lo más sagrado de esta vida Es, y no tiene utilidad, porque no cambia, porque siempre está y su cauce de vida nunca termina.
Así bajo esa conciencia deberíamos esperar sin esperar, que lleguen los bebés, también para respetar más a esas almas que están transitando hacia su encarnación, sin meter nuestras carencias y limitaciones. El motivo por el cual llega un bebé, nos lo mostrará ese niño, joven y adulto con su vida, el motivo lo elige el alma que llega, no sus padres.
Cecilia V.

Comentarios
Publicar un comentario