En los últimos años, se ha acrecentado la idea de poder
materializar a voluntad cosas, situaciones, condiciones de vida. Han
proliferado técnicas y en los peores casos, recetas de cómo obtener lo que uno
quiere, desde libros tipo manuales, hasta tips en programas televisivos,
irresponsables en su modo de manejar la energía y la realidad.
Todas estas tendencias, han generado en la mayoría de las
personas que están en una búsqueda personal de trabajo interno, el deseo de
manifestar. Este deseo en el camino evolutivo personal es difícil de llevar sin
caer varias veces, más adelante explicaré el porqué, ahora empecemos por
entender de dónde nace esta tendencia a materializar.
Siempre he creído, que la información válida de cualquier
camino evolutivo, la encontraremos cimentada y fundamentada, en la antigüedad;
desde el profundo conocimiento de la información referente al espíritu y la
conciencia en Oriente y Occidente. De
origen, en ninguna cultura o civilización, hay técnicas para materializar tal cual dictan las tendencias de hoy. Hay
información referente a que los Maestros, lograban manifestar cosas,
transformar cosas, generar situaciones, cambios y demás, pero lograr todo esto,
era y es, una consecuencia de un trabajo fuerte en uno mismo y del entendimiento
profundo del universo, el planeta en el que vivimos y de muchos aspectos más
acerca del alma y la conciencia, que requieren profundidad y constancia.
La tendencia a ganar adeptos en grupos, en religiones o
líneas de trabajo en la conciencia es dar información que va a ayudar a las
personas a materializar lo que quieren; desde por ejemplo, la recuperación de
su salud, hasta un auto, una casa, una pareja, un trabajo, y demás.
Lo que no
hemos observado es que esta línea de “promesas de vida” parte de una mente
capitalista que fomenta el vacío interno de las personas, al darles el mensaje
oculto de que no tienen algo y que sabiendo materializarse eso, serán más
felices o estarán mejor.
No estoy hablando de no buscar estar mejor, de no buscar
curarse y lograr objetivos claros en la vida. No estoy hablando de conformismo
y de querer estar igual siempre. De lo que estoy hablando es, del estado al que
se somete la conciencia, cuando le plantamos la semilla de que podría
manifestar lo que quiere, generando en las personas el peligro de enajenación u
obsesión por lograrlo, o después frustraciones y tristezas al intentarlo una y
otra vez, y no lograrlo.
Continuará en la próxima entrega.
Gracias.
Cecilia Villarreal.

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