Tema del mes. El niño interno. Parte 4 y última.

Algo sobre mi infancia.

Los adultos olvidan, se les va endureciendo el corazón, se les va cerrando, y se olvidan, se borran sus memorias perceptivas, pierden su propio Reino. De niña, me daba cuenta de todo, de todo, lo sabía todo, cómo se sentían, cómo estaban, qué había pasado; mis padres ante situaciones críticas, se esforzaban en inventar argumentos para que yo no me lastimara con la realidad, pero yo me daba cuenta de todo.

Me daba cuenta que la directora de nuestro colegio, que les gritaba y zarandeaba violentamente a los niños que no se comportaban, estaba muy triste porque su marido no la quería más, me daba cuenta que mis entrenadoras de gimnasia, que me exigían logros y entrenamientos casi inhumanos, estaban muy frustradas porque no habían podido realizarse como gimnastas, me daba cuenta cuando mis padres estaban tristes, con estrés, me daba cuenta cuando tuvo mi familia su peor crisis económica, me daba cuenta cuando mi hermano iba a enfermarse, cuando algo malo iba a suceder en la calle. Y tenía una Fe inquebrantable, una alegría interna que un saber en mí me decía que nunca debía soltar, sabía que existían sucesos que parecen mágicos, pero yo siempre supe que esa era la norma de la vida, siempre supe que habían más dimensiones, que era absurdo enfermarse, envejecer, siempre supe que si ponía mi mano con amor sobre un dolor, se iría, siempre supe que todo es muy sencillo y nunca entendí tantas complicaciones.

Siempre me di cuenta del engranaje de un sistema que busca oprimirnos y controlarnos, siempre me sentí de otro planeta, nunca entendí porqué tantas preocupaciones por el dinero, nunca entendía el hambre por mayor poder. Ahora sigo sin entender todo eso, lo comprendo a un nivel racional, pero me sigue pareciendo de un grado de absurdo inconcebible.

Siempre comprendí y me fue fácil, amar, mirar a los ojos, jugar, perdonar, sentirme libre, sentir que nadie puede oprimir mi interior, que la paz, la alegría y lo próspero están dentro de mí. Siempre supe de dónde venía y cuál es mi Esencia. Y todo lo que "he aprendido" dentro de mi, siempre ha existido la sensación de que ya lo sabía.

Los adultos, se olvidaron de sus vivencias de niños, y por eso creen no saber nada, por eso creen que tienen que aprender y estudiar mucho, que tienen que leer libros para entender los comportamientos de las personas, del universo, de la vida misma, todo ya está en el saber del alma, pero se han olvidado. Y este olvido ha sido la condena de muchos niños, que son maltratados, incomprendidos, medicados por "no saber comportarse"; niños a los que sus sueños les son truncados, borrados, niños que no son amados.

El niño NO ES TONTO, NO ES IGNORANTE, NO ES INSENSIBLE, NO ESTÁ BLOQUEADO (es decir, se da cuenta).

Como adultos, hay que hacer un trabajo fuerte de recuperar el corazón y las vivencias de la infancia, cada niño debe ser AMADO, ESCUCHADO, RESPETADO, OBSERVADO (para poder entender sus particularidades), GUIADO, APOYADO, PROTEGIDO. ¿Para qué? Para que pueda desarrollar todo su potencial, con todas las posibilidades que ese niño es, para que no sea una triste repetición de las maquinarias limitantes de sus padres y de su entorno.

Yo me daba cuenta de todo, lo sabía todo. Y todos los niños que he conocido a lo largo de mi vida, también.

Reiterando que la inocencia no es sinónimo energético de ignorancia, es sinónimo energético de quien no ha entregado su Esencia luminosa al sistema. Cada niño es una luz propia, como adulto, permite que te enseñen, tú sólo se su guía, mucho, créeme, no les vas a enseñar ya.

Gracias.

Cecilia V.



Comentarios