En la entrega anterior, compartí algunos aspectos que debemos considerar si queremos recuperar a nuestro niño interior.
Recordemos que el niño interior no es una especie de espíritu con cuerpo del niño que fuimos que vive dentro de nosotros, el niño interior es un conjunto de facultades que se encuentran en un estado más puro en la infancia y se pierden, por algunas de las causas que ya vimos, al ser adultos.
Pero también existen varias cosas que podemos hacer, accionar, para integrar y recuperar esas facultades del niño interno. Acá algunos ejemplos; estos ejemplos también pueden despertar en ustedes su propia creatividad y realizar otro tipo de cosas.
Bailar
Cantar
Dibujar
Pintar
Caminar
Jugar. En este punto es importante saber que como adultos, mucho del campo donde se extiende el juego es
en el área de la sexualidad; no sin antes, haber alcanzado dentro de ésta un sentido de sacralidad de
la misma. Si se concibe la sexualidad llena de lujuria y simple satisfacción de los deseos, queda fuera
esta posibilidad de conectar con estas facultades.
El juego se extiende a jugar con amigos, en áreas verdes, tirarse al pasto, jugar y compartir con otros
niños.
Mantener vivas ilusiones.
Tener Fe.
Compartir con los demás.
Ser honestos.
Amar sin condiciones.
La lista puede extenderse mucho, pero el objetivo de ésta es comprender que a través de la acción podemos alcanzar un potencial muy fuerte para recuperar esas facultades dentro de nosotros. Y si no nos sentimos capaces de realizar algunas, por ejemplo, tener Fe (que esto es no tener dudas ni incertidumbres en la vida), o amar sin condiciones, podemos comenzar un trabajo interno, a través de cualquier camino que nos guste o haga sentir bien, a derribar esas barreras.
Observar a los niños, esos Maestros por mucho, escucharlos, percibir cómo sienten, nos ayudará a recordar cómo sentíamos, y percibíamos de niños, cómo se sentía nuestro corazón si es que tuvimos la fortuna de tener una infancia feliz, y para quienes no la tuvieron, todos en esencia, tenemos estas facultades, y todos podemos recuperarlas.
El recuperar estas facultades del niño interior, no quiere decir que queramos volver a ser niños, hay un grado de falta de crecimiento interno en una persona cuando añora volver a ser niño. La madurez consiste en ser adulto, pero un adulto que tiene integradas, en equilibrio estas facultades y posibilidades, que estaban a flor de piel en la infancia; lograr esto, es una victoria sobre nosotros mismos, es haber logrado que el sistema no nos haya moldeado a su mecánica y tonos grises.
Gracias.
Cecilia V.
Recordemos que el niño interior no es una especie de espíritu con cuerpo del niño que fuimos que vive dentro de nosotros, el niño interior es un conjunto de facultades que se encuentran en un estado más puro en la infancia y se pierden, por algunas de las causas que ya vimos, al ser adultos.
Pero también existen varias cosas que podemos hacer, accionar, para integrar y recuperar esas facultades del niño interno. Acá algunos ejemplos; estos ejemplos también pueden despertar en ustedes su propia creatividad y realizar otro tipo de cosas.
Bailar
Cantar
Dibujar
Pintar
Caminar
Jugar. En este punto es importante saber que como adultos, mucho del campo donde se extiende el juego es
en el área de la sexualidad; no sin antes, haber alcanzado dentro de ésta un sentido de sacralidad de
la misma. Si se concibe la sexualidad llena de lujuria y simple satisfacción de los deseos, queda fuera
esta posibilidad de conectar con estas facultades.
El juego se extiende a jugar con amigos, en áreas verdes, tirarse al pasto, jugar y compartir con otros
niños.
Mantener vivas ilusiones.
Tener Fe.
Compartir con los demás.
Ser honestos.
Amar sin condiciones.
La lista puede extenderse mucho, pero el objetivo de ésta es comprender que a través de la acción podemos alcanzar un potencial muy fuerte para recuperar esas facultades dentro de nosotros. Y si no nos sentimos capaces de realizar algunas, por ejemplo, tener Fe (que esto es no tener dudas ni incertidumbres en la vida), o amar sin condiciones, podemos comenzar un trabajo interno, a través de cualquier camino que nos guste o haga sentir bien, a derribar esas barreras.
Observar a los niños, esos Maestros por mucho, escucharlos, percibir cómo sienten, nos ayudará a recordar cómo sentíamos, y percibíamos de niños, cómo se sentía nuestro corazón si es que tuvimos la fortuna de tener una infancia feliz, y para quienes no la tuvieron, todos en esencia, tenemos estas facultades, y todos podemos recuperarlas.
El recuperar estas facultades del niño interior, no quiere decir que queramos volver a ser niños, hay un grado de falta de crecimiento interno en una persona cuando añora volver a ser niño. La madurez consiste en ser adulto, pero un adulto que tiene integradas, en equilibrio estas facultades y posibilidades, que estaban a flor de piel en la infancia; lograr esto, es una victoria sobre nosotros mismos, es haber logrado que el sistema no nos haya moldeado a su mecánica y tonos grises.
Gracias.
Cecilia V.
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