Lo sabemos, el ideal sería ser un adulto (que esto no sólo lo detona la edad) y tener muy integrado al niño interno. Pero en la mayoría de las personas no es así.
Es vital entender que el niño interno no es, un cuerpo o alma de niño que está dentro de nosotros, el concebirlo así, nos lleva a fragmentar al adulto del niño interno. Al llegar a una edad adolescente, nuestro cuerpo de niños ha muerto, o si prefieren verlo así, ha mutado, ahora a un cuerpo de un adolescente. Lo que puede prevalecer en nosotros, son estas facultades de las que hablo en el artículo anterior.
Entonces, debemos evitar dividir a nuestro ser, es decir, pensar que por un lado está el niño interno, por otro el adulto, es necesario unificarlos. También cabe aclarar que el mantener las facultades del niño interno, no quiere decir tener conductas y emociones que son infantiles, éstas deberían ser corregidas cuando se es adulto.
El niño se enfrenta a un mundo lleno de reglas, imposiciones, patrones, programas, sistemas; y este mundo está controlado por personas angustiadas, enojadas, frustradas, bloqueadas, miedosas; en la mayoría de los casos, sabemos que hay personas que han hecho un trabajo interno para resolver sus conductas infantiles cuando son adultos, desgraciadamente la mayoría, no lo ha hecho. Ante esto, suceden dos cosas:
1.- El niño imita las conductas, patrones y expresiones de los adultos (Y si los adultos, no han logrado ser esto, adultos, viven bajo pautas nocivas que aprenden los niños).
2.- El niño para sobrevivir emocionalmente ante este mundo que no entiende, crea una estructura de carácter que le permite sobrevivir al no poder satisfacer sus pulsiones vitales lógicas.
Cuando el niño crece, tiene muy afianzada esta estructura, y todos los comportamientos y patrones que ha aprendido por imitación. En las escuelas, no hay una comprensión de los procesos internos de un ser humano al crecer, y no existe una guía que ayude a ubicarse, a realizarse en cada etapa, a conocerse; esto es vital, ya que de lo contrario, se llega a una edad en donde ya, por la edad,se es adulto, pero a nivel interno y emotivo no. Así hay adultos de 40 años, con una edad emotiva de 10 años, viviendo y generando una serie de conductas infantiles como:
Dependencias.
Chantajes.
Manipulaciones.
Berriches (Manifestados con enojos agresivos).
Depresiones profundas.
Celos.
Incapacidad para vivir solos, para estar bien sin pareja.
Incapacidad de hacerse responsables de sí mismos, entre otras conductas.
Para recuperar nuestro niño interno, conviene revisar si realmente somos adultos (la edad no lo determina) si estamos fuera de los comportamientos de la lista anterior. Cabe aclarar que hay grados de intensidad de la lista anterior, y que un adulto en cualquier momento puede llegar a vivir cualquiera de estas conductas, aunque en teoría, un adulto sano emocionalmente no debería, pero es de gravedad, cuando no se es consciente de que estos aspectos no se deberían experimentar ya siendo adultos, y es grave cuando no hacemos nada en nosotros para cambiar.
Mantener vivas las facultades del niño interno, es una tarea de constancia evolutiva, pero que vale mucho, como dicen por ahí, la alegría.
Gracias.
Cecilia V.
Es vital entender que el niño interno no es, un cuerpo o alma de niño que está dentro de nosotros, el concebirlo así, nos lleva a fragmentar al adulto del niño interno. Al llegar a una edad adolescente, nuestro cuerpo de niños ha muerto, o si prefieren verlo así, ha mutado, ahora a un cuerpo de un adolescente. Lo que puede prevalecer en nosotros, son estas facultades de las que hablo en el artículo anterior.
Entonces, debemos evitar dividir a nuestro ser, es decir, pensar que por un lado está el niño interno, por otro el adulto, es necesario unificarlos. También cabe aclarar que el mantener las facultades del niño interno, no quiere decir tener conductas y emociones que son infantiles, éstas deberían ser corregidas cuando se es adulto.
El niño se enfrenta a un mundo lleno de reglas, imposiciones, patrones, programas, sistemas; y este mundo está controlado por personas angustiadas, enojadas, frustradas, bloqueadas, miedosas; en la mayoría de los casos, sabemos que hay personas que han hecho un trabajo interno para resolver sus conductas infantiles cuando son adultos, desgraciadamente la mayoría, no lo ha hecho. Ante esto, suceden dos cosas:
1.- El niño imita las conductas, patrones y expresiones de los adultos (Y si los adultos, no han logrado ser esto, adultos, viven bajo pautas nocivas que aprenden los niños).
2.- El niño para sobrevivir emocionalmente ante este mundo que no entiende, crea una estructura de carácter que le permite sobrevivir al no poder satisfacer sus pulsiones vitales lógicas.
Cuando el niño crece, tiene muy afianzada esta estructura, y todos los comportamientos y patrones que ha aprendido por imitación. En las escuelas, no hay una comprensión de los procesos internos de un ser humano al crecer, y no existe una guía que ayude a ubicarse, a realizarse en cada etapa, a conocerse; esto es vital, ya que de lo contrario, se llega a una edad en donde ya, por la edad,se es adulto, pero a nivel interno y emotivo no. Así hay adultos de 40 años, con una edad emotiva de 10 años, viviendo y generando una serie de conductas infantiles como:
Dependencias.
Chantajes.
Manipulaciones.
Berriches (Manifestados con enojos agresivos).
Depresiones profundas.
Celos.
Incapacidad para vivir solos, para estar bien sin pareja.
Incapacidad de hacerse responsables de sí mismos, entre otras conductas.
Para recuperar nuestro niño interno, conviene revisar si realmente somos adultos (la edad no lo determina) si estamos fuera de los comportamientos de la lista anterior. Cabe aclarar que hay grados de intensidad de la lista anterior, y que un adulto en cualquier momento puede llegar a vivir cualquiera de estas conductas, aunque en teoría, un adulto sano emocionalmente no debería, pero es de gravedad, cuando no se es consciente de que estos aspectos no se deberían experimentar ya siendo adultos, y es grave cuando no hacemos nada en nosotros para cambiar.
Mantener vivas las facultades del niño interno, es una tarea de constancia evolutiva, pero que vale mucho, como dicen por ahí, la alegría.
Gracias.
Cecilia V.

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