En esta entrega profundizaremos un poco más acerca de
cómo saber que un ciclo ya se terminó.
Vimos que por definición un ciclo tiende a ser repetición
del anterior, cuando un ciclo ha finalizado, podemos identificar sus
características como algo ya vivido y como una repetición, que a medida que
avanzan los días, carece cada vez de más y más sentido.
Se complica identificar algunas veces que un ciclo
terminó por la cultura bajo la cual hemos sido educados, la cultura del
sacrificio (ser mártires), la cultura del victimismo (que tiene ciertas
ligaduras con la del sacrificio) y más recientemente, la del karma mal
entendido. Muchas personas creen que soportar por mucho tiempo situaciones que
no les generan bienestar, sino al contrario, que les generan enfermedades,
padecimientos físicos, estrés, angustia, es lo natural en la vida, debido a
estas cargas culturales; y por ello, no hay visión para darse cuenta de que tal
vez un ciclo de su vida, o varios, ya terminaron.
Cuando ya no hay desarrollo, crecimiento, y sobre todo,
cuando no hay vías para lograr éstos, estamos ante un ciclo que se terminó.
Cuando no hay vitalidad, entusiasmo, proyectos e ideas nuevas, estamos ante un
ciclo que se terminó. Cuando caemos en cuenta que lo que estamos viviendo
genera tristeza y estancamientos, estamos ante un ciclo que se terminó. Es
decir, cuando la situación ya no va en pro de la vida, y ya no vibra con
frecuencias de vida, se ha terminado el ciclo.
Los tiempos de hacer en cuenta que el ciclo se terminó
varían en cada persona y situación, pero lo ideal es darse cuenta lo más pronto
posible, de lo contrario, se pierde tiempo valioso, se pierde vida.
Recuerdo la campaña publicitaria de zapatos y ropa
deportiva que decía, “Just do it” (Sólo hazlo). Y es que así es como debemos
muchas veces acometer para comenzar un nuevo ciclo, en la medida de ir por ese
camino nuevo, irán apareciendo los recursos y las respuestas que necesitamos
para el nuevo comienzo y posteriormente para su desarrollo.
Tenía un Maestro en la Universidad, que nos decía: “Uno
siempre sabe” y creo que tenía razón, es el miedo a confrontarnos, tal vez a
enfrentarnos a la sensación de fracaso, lo que nos impide aceptar que un ciclo
se terminó, sabemos y sentimos, cuando se ha terminado; y es triste que
perdamos tanto tiempo en excusas y justificaciones de algo que ya no renacerá.
Es vital tomar la rienda de nuestra vida en nuestras
manos, recuperar la decisión, la voluntad, y caminar, sólo haciéndolo.
Personalmente puedo compartir (jamás ponerme de ejemplo), que cuando he decidido
soltar, liberar ciclos ya caducos, experimento una sensación de libertad,
experimento seguridad en mí misma y una gran emoción por lo nuevo que viene. De
las cosas que me parecen más placenteras es atravesar los miedos, porque al atravesarlos, nos damos cuenta que no eran reales y que les regalamos instantes de
nuestra vida que se van y jamás vuelven.
Ante la terminación de un ciclo, es necesario recuperar
la Fe, ésta muy devaluada por ser
asociada a la Fe religiosa, pero la Fe es la ausencia de dudas, es más fuerte
que la esperanza (una vez leí que ésta era la hermana chiquita de la Fe y por
ello no me gusta usar ni su vibración ni la palabra), la Fe es difícil de
lograr porque requiere ya haber tenido un trabajo interno fuerte, o ser como
niños que jamás dudan de lo que creen que Es, o al menos así lo vivía yo. Con
Fe, sintiéndola, no divulgándola, no platicándola, podremos pasar del otro lado
del puente.
La vida es movimiento constante, el sufrimiento es no
entender que es así.
Gracias.
Cecilia V.

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