Personaje a conocer del mes: Bernardo Gamboa.


Bernardo Gamboa es actor, nació en la ciudad de México un 11 de enero, en el último año de la década de los setenta. Es actor como pocos.

Perteneciente a una familia humanista y muy enfocada en el arte, desde pequeño fue absorbiendo información, sensaciones e ideas que fueron plantando en él la semilla de dedicarse al arte. Así cursó un bachillerato en arte en el CEDART Diego Rivera, con especialidad en teatro y posteriormente realizó la Licenciatura en Actuación en la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA, donde tomó clases con maestros de gran respeto en el mundo teatral como Héctor Mendoza, Mauricio Jiménez, Martín Acosta.

Ha trabajado bajo la dirección de directores también importantes en la vida e historia del teatro como: Mauricio Jiménez, Martín Acosta, Enrique Singer, Larry Silverman, Rodolfo Obregón, Alberto Villarreal, Richard Viqueira, Hugo Arrevillaga, Fernando Bonilla, entre otros. Ha participado en festivales de Teatro a nivel nacional e internacional. Ha impartido talleres de actuación y también ha sido docente de la misma materia.

Pero la particularidad de Bernardo va más allá de su destacado currículum, Bernardo es un actor como pocos, porque en mi vida dentro del teatro (que son ya 18 años)  sólo he conocido dos actores que están entregados con el  alma, al teatro, que le profesan un amor y respeto, más allá de ellos mismos, uno ya no está en su cuerpo físico (Gustavo Muñoz), y otro, es Bernardo. 

Poseedor de una sensibilidad  muy profunda, de una energía inagotable, nunca dirá que está cansado y aunque uno sepa que está agotado, en cuanto se dispone a ensayar o dar función, nunca he entendido de dónde saca tanta energía, creatividad, fuerza. Siempre trabajando, en ensayos, o en funciones con una pasión admirable, abordando su trabajo y al teatro con congruencia, con ética. Siempre alejado de la histérica necesidad de reconocimiento que abunda en este arte. Siempre con un sentido de compañerismo admirable, discutidor  (en el buen sentido) sin cansancio, pero siempre conciliador,  llevando su “duende” a donde quiera que está o va.

Un hombre que no ha perdido la sensibilidad de la infancia, el asombro, la vitalidad y alegría, pero que a la vez tiene una sabiduría que no corresponde con su edad física. Un hombre muy evolucionado y que de lo que más le admiro es que no medita, no lee acerca de todos estos temas y sabe lo esencial. Su meditación sería cómo se vive y comparte. Cabe recalcar que sí es un lector arduo de literatura, filosofía, poesía, literatura dramática. Su cultura es admirable. 

Un hombre que vive fuera de los parámetros del sistema, actualmente, está trabajando a fondo, desde el teatro, compartiendo lo que sabe con chicos de zonas marginadas y llenas de delincuencia. Me ha dicho: “Ahí es a dónde tenemos que ir a meternos y buscar generar un cambio en los corazones y conciencias de esos chicos”.

Su trabajo actoral, refleja todo esto que comparto de él.

Comparto la alegría de que sea uno de mis mejores amigos de vida, desde hace muchos años, de ir creciendo a su lado; de haber trabajado con él como actriz y de que haya confiado en mí para dirigirlo, en la última obra de teatro que he dirigido hasta ahora: Camino.

Por cierto, no tiene twitter.

Hace poco, platicando  una noche en Puebla, nos dijo a Leonardo Ortizgris (actor que también vale que conozcan) y a mí: “Yo no soy esto, yo no soy mi cuerpo, yo no soy Bernardo, lo que yo soy es inmenso, ni se puede medir, o definir, y lo que soy nunca va a cambiar ni se va a lastimar. Bernardo es un juguete muy divertido de éste que soy, Bernardo  es un vehículo a través del cual me divierto como loco, actúo, siento, amo, pero yo no soy este”.


¡Gracias Bernardo!

Cecilia V.


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