Para qué y porqué desarrollar la conciencia.


 Este artículo lo escribí hace como un año, lo tenía guardado, ahora lo comparto.

Por: Cecilia Villarreal.

A partir del año 1990, comienza fuertemente la difusión de nueva información que brinda herramientas y metodologías para el desarrollo de la conciencia, siempre ligada al mundo espiritual. En realidad desde los años cincuenta del siglo pasado, se podía tener acceso a información que se consideraba de carácter oculto o esotérico.

Conforme fueron avanzando los años y con el cambio de siglo, surge el ya muy conocido movimiento New Age, y entre tanta y todo tipo de información respecto a la evolución espiritual, pocos estudios y autores, logran rescatar las esencias de los conocimientos espirituales de las tradiciones  fundamentales del planeta, de las sociedades secretas y escuelas de iluminación. Así se va creando en el peor de los casos, un collage que ofrece mucha información, pero poca consistencia en las metodologías y procesos espirituales;  y en el mejor de los casos, surge el principio de una unificación profunda del conocimiento, y ante esto se va desarrollando esta línea ya hoy muy conocida para algunos sectores, como: El desarrollo de la conciencia.

Personalmente, creo que el desarrollo de la conciencia es el corazón y la piedra fundamental sobre la cual se vivirá la evolución y la vida espiritual. Pero ¿Qué es la conciencia?  Se define como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno. En palabras coloquiales, podríamos decir, es de lo que nos damos cuenta, es lo que nos permite tener percepciones, estados del ser. Así podemos decir que entre más desarrollada, expandida o elevada esté la conciencia de una persona, mayor será su “darse cuenta”, y sus percepciones acerca de los planos de la realidad, será más amplia y profunda.

Y de aquí viene otra rama que es la autoconciencia, el filósofo italiano Michele Federico Sciacca (Giarre, Catania 1908-1975), refería que la autoconciencia es el primer saber que hace posible otro conocimiento, de ahí podemos deducir que lo que debemos desarrollar de manera más profunda es la autoconciencia, para después poder llegar a una expansión más grande de la conciencia.

Cuando me sé autoconsciente y uso ese saber, como bien dice Sciacca, puedo integrar en mí, nueva información (conocimiento) de distintos contenidos y caracteres. Desarrollar la autoconciencia es percibir cada vez más información acerca de nosotros mismos, desde lo más superficial como  por ejemplo: Cuál es nuestro color favorito, hasta información más compleja como por ejemplo: El  porqué  no puedo vencer un miedo de la infancia, pasando por saber qué necesito como individuo para poder fluir en mi vida, hasta cuáles son las facultades en mí que me hacen un ser espiritual.

Sólo habiendo y estando desarrollando la autoconciencia, podré entrar entonces en terrenos del desarrollo de la conciencia, ahora sí, percibir más allá de mí. Así vamos comprendiendo que la importancia de desarrollar la conciencia radica en que primero nos va a conducir hacia el desarrollo de la autoconciencia, y si logro el desarrollo de ésta, comenzaré a abrir en mi vida posibilidades y oportunidades de disfrute y gozo para mí. Y si voy logrando esto, verdaderamente, podré ir logrando la expansión de la conciencia, para entonces sí, ir avanzando evolutiva y espiritualmente.

Con los  niveles de autoconciencia y conciencia se nace y también se desarrollan, pero debemos comprender que los niveles no van formando una estructura vertical, donde hay un nivel encima del otro, sino su estructura es concéntrica, hacia afuera y hacia adentro, en donde se van formando más y más círculos que abarcan cada vez más. Esto quiere decir que conforme voy desarrollando mi autoconciencia, se van formando más y más círculos (percepciones) hacia mi interior, y conforme desarrollo la conciencia, se van formando más y más círculos (percepciones) hacia mi exterior; en donde cada nuevo círculo que se forma, es decir, cada nuevo nivel de conciencia que se forma, abarca al anterior, no lo excluye, ni lo olvida, lo integra y abarca.

Sin un profundo y complejo desarrollo de la autoconciencia y la conciencia no es posible un real avance y crecimiento humano y mucho menos espiritual. Aprender, permitir  y saber cómo desarrollarlas nos ayudará a darnos cuenta de los aspectos importantes y trascendentales de nuestra vida, saber quiénes son los otros que están presentes de una u otra forma en nuestra vida, saber qué siento y cómo lo siento, saber qué necesito y cuándo lo necesito, saber cómo voy a actuar y accionar en las distintas dimensiones de mi vida, saber decir sí y no, saber dónde está mi libertad, saber ser autosuficiente y responsable de mí, ser capaz de realizar en mí valores éticos fundamentales de la especie humana, sentir mi cuerpo físico y percibir sus señales, crearme un entorno digno de una persona humana, caminar por dónde sí quiero, expresarme sensatamente en la vida y comunicarme con libertad, saber discernir qué tipo de creencias tengo y debo cambiar, saber distinguir qué tipo de conocimiento espiritual o de otra índole, es adecuado  para lo que soy en esencia, saber con claridad qué tipo de realizaciones van a hacer plena mi vida, saber quién soy, de dónde vengo y a dónde voy…y podría seguir con un sin fin de aspectos que podemos  abarcar con el desarrollo de la autoconciencia y conciencia.

Debo permitirme la posibilidad de buscar los cómos yo  (sin seguir masas, modas y tendencias espirituales, patrones, tradiciones, creencias)  voy a sumergirme en un proceso de vida valioso que me aporte cada vez más autoconciencia y conciencia y que será un camino distinto para cada uno de nosotros y que cuando ya hemos desarrollado una  conciencia más plena, sabemos respetar los caminos únicos de cada ser.

Un camino puede ser el arte y hacer uso de la creatividad en todas sus manifestaciones, otro asistir a sesiones terapéuticas bajo la línea  más conveniente para mí, otro asistir a talleres, cursos o actividades que me permitan contemplar nuevos saberes, otro sumergirme en la naturaleza, otro ayudar a los demás, otro crear una familia plena; leer, viajar, conversar con alguien interesante y sabemos que nunca acabaría de enumerar las posibilidades.

Lo que hace la diferencia entre una vida que valga la pena y una que se vive en limitaciones, es el nivel de conciencia que vamos abarcando, de ahí que alguien puede decir que Vincent Van Gogh pintaba las estrellas muy raro, y otra persona pudo decir que Van Gogh le enseñó a ver realmente cómo son las estrellas.





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