A lo largo de mi experiencia como terapeuta, muchas personas me han manifestado tener dificultades para ser disciplinados, tanto para realizar asuntos en su vida personal, como para disciplinarse en un trabajo personal a nivel evolutivo.
En muchos talleres, cursos o clases que comparten herramientas para evolucionar, se recomienda hacer los ejercicios diario, o cada tercer día, etcétera. Debido a que se carecen de las facultades para ser disciplinado, muchas personas no logran mantener la continuidad y terminan por desistir y no volver a trabajar sobre sí mismos.
Este sistema en el cual estamos inmersos y que creemos como natural, cuando no lo es, ha deformado el sentido de la disciplina, convirtiéndola en algo rígido, agobiante e incluso como algo negativo, concibiéndose muchas veces como una virtud, ser indisciplinado. Las imágenes o recuerdos de mis mediocres profesores (con sus honrosas salvedades) de primaria y secundaria, exigiendo disciplina a través de la violencia o la represión, me reafirmaban su concepción del "tener que hacer" desde esos tiempos, concepción que desgraciadamente no ha cambiado mucho hoy en día, concibiendo la educación como una serie de acciones que a manera de entrenamiento (en el sentido más peyorativo de la palabra) nos daría lo que la sociedad limitada entiende por éxito en la vida.
Pero si nos vamos mucho tiempo más atrás, cuando la pérdida de esencia a nivel espiritual no estaba tan fragmentada, la disciplina tenía una concepción distinta, no era un hacer por hacer, o hacer porque dicen que lo debo hacer o hacer porque me dijeron que así alcanzaré tal resultado. La disciplina en su sentido más esencial, tiene un sentido de existir, y está ligada a la conciencia en el aquí y el ahora.
Usemos de ejemplo, una meditación que se realiza diario, cada día, en ese momento específico que la realizo, existe un sentido de que yo la realice, porque me ayuda a estar en mí, a llevar a mi cuerpo a un estado de bienestar, entre todos los beneficios que pueden ser muchísimos. Entonces el sentido de hacerla, por este día, lo entiendo y lo vivo, y soy consciente de la experiencia hoy, de qué modifica en mí hoy, soy consciente del gozo que implica hacer la meditación hoy, y así puedo registrar el momento en mi conciencia como algo importante y valioso en mis actividades cotidianas. Al realizar la acción, con conciencia, evito hacerla como una tarea, evito hacerla buscando resultados a futuro, porque el resultado ya es la experiencia en sí en el presente. El resultado ya es el gozo de vivir esa experiencia, y si la vivo en presente, con gozo y siendo consciente de ella, comprendo que hacerla todos los días (si es que así la quiero hacer) tiene un sentido, porque cada día me aporta algo importante, así, lograré hacerla todos los días, entonces, podré ser disciplinada porque no es un deber, es un gozo, y esa es la esencia de trabajar con constancia en un objetivo más elevado, cada paso se disfruta y repito, tiene un sentido profundo.
Si hago las cosas por repetición, con conciencia limitada como si fuéramos máquinas, a los pocos días, la disciplina nos parecerá aburrida, cansada o simplemente la olvidaremos. En las ancestrales escuelas de sabiduría evolutiva, la disciplina era fundamental, pero no entendida como repetición sin sentido o entrenamiento inconsciente, sino como una serie de pasos en donde cada uno es único, irrepetible, y en donde se comprende la razón profunda de realizar la disciplina.
Es cierto que sin constancia, sin disciplina en la vida, y en nosotros mismos, no lograremos nuestras realizaciones más plenas. A reconciliarse con la disciplina.
Gracias.
Cecilia V.
En muchos talleres, cursos o clases que comparten herramientas para evolucionar, se recomienda hacer los ejercicios diario, o cada tercer día, etcétera. Debido a que se carecen de las facultades para ser disciplinado, muchas personas no logran mantener la continuidad y terminan por desistir y no volver a trabajar sobre sí mismos.
Este sistema en el cual estamos inmersos y que creemos como natural, cuando no lo es, ha deformado el sentido de la disciplina, convirtiéndola en algo rígido, agobiante e incluso como algo negativo, concibiéndose muchas veces como una virtud, ser indisciplinado. Las imágenes o recuerdos de mis mediocres profesores (con sus honrosas salvedades) de primaria y secundaria, exigiendo disciplina a través de la violencia o la represión, me reafirmaban su concepción del "tener que hacer" desde esos tiempos, concepción que desgraciadamente no ha cambiado mucho hoy en día, concibiendo la educación como una serie de acciones que a manera de entrenamiento (en el sentido más peyorativo de la palabra) nos daría lo que la sociedad limitada entiende por éxito en la vida.
Pero si nos vamos mucho tiempo más atrás, cuando la pérdida de esencia a nivel espiritual no estaba tan fragmentada, la disciplina tenía una concepción distinta, no era un hacer por hacer, o hacer porque dicen que lo debo hacer o hacer porque me dijeron que así alcanzaré tal resultado. La disciplina en su sentido más esencial, tiene un sentido de existir, y está ligada a la conciencia en el aquí y el ahora.
Usemos de ejemplo, una meditación que se realiza diario, cada día, en ese momento específico que la realizo, existe un sentido de que yo la realice, porque me ayuda a estar en mí, a llevar a mi cuerpo a un estado de bienestar, entre todos los beneficios que pueden ser muchísimos. Entonces el sentido de hacerla, por este día, lo entiendo y lo vivo, y soy consciente de la experiencia hoy, de qué modifica en mí hoy, soy consciente del gozo que implica hacer la meditación hoy, y así puedo registrar el momento en mi conciencia como algo importante y valioso en mis actividades cotidianas. Al realizar la acción, con conciencia, evito hacerla como una tarea, evito hacerla buscando resultados a futuro, porque el resultado ya es la experiencia en sí en el presente. El resultado ya es el gozo de vivir esa experiencia, y si la vivo en presente, con gozo y siendo consciente de ella, comprendo que hacerla todos los días (si es que así la quiero hacer) tiene un sentido, porque cada día me aporta algo importante, así, lograré hacerla todos los días, entonces, podré ser disciplinada porque no es un deber, es un gozo, y esa es la esencia de trabajar con constancia en un objetivo más elevado, cada paso se disfruta y repito, tiene un sentido profundo.
Si hago las cosas por repetición, con conciencia limitada como si fuéramos máquinas, a los pocos días, la disciplina nos parecerá aburrida, cansada o simplemente la olvidaremos. En las ancestrales escuelas de sabiduría evolutiva, la disciplina era fundamental, pero no entendida como repetición sin sentido o entrenamiento inconsciente, sino como una serie de pasos en donde cada uno es único, irrepetible, y en donde se comprende la razón profunda de realizar la disciplina.
Gracias.
Cecilia V.

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