Una simple reflexión.


En mi otra profesión, hay una gran enseñanza, que me transmitió el gran director Peter Brook en uno de sus libros: Cada función, hay que empezar todo de nuevo, cada función, al empezar la función, de nuevo no hay nada y el actor debe trabajar desde ese presente para volver a crear la puesta en escena, de otra manera, se cae en la repetición y se pierde espontaneidad.

Recordé esta enseñanza hoy al pensar sobre el presente, sobre el aquí y el ahora.

En verdad que todo lo que tenemos y somos está en este momento, en este ahora,  y parece o es, contradicción de la vida misma, seguir los patrones que catapultan al pasado o al futuro y que nos sacan del ahora. Sentires puros se empiezan a ensuciar al perseguir expectativas. El arte de ignorar  que la expectativa surge de una carencia. Engaño de que al lograr determinadas cosas en el afuera, cubriremos esos huecos del adentro.

Otra enseñanza de mis favoritas, es de Alejandro Jodorowsky que dice: "Lo que no está aquí no está en ninguna otra parte",  es alusiva al aquí y al ahora, que me ha otorgado muchas veces paz y deshace las expectativas, tan ilusorias, tan espejismo.

Hay mucho por contemplar en cada instante, y también mucho por lo cual silenciarnos.

Es sólo caminar, fluir, e ir dejando que la vida, o la existencia, o el universo, o como cada quien le quiera llamar, nos vaya mostrando más de si; es cierto que hay muchas situaciones que son bellas sorpresas cuando no esperamos nada, cuando sólo caminamos sin esperar y sin temer. Hay otras no tan agradables, pero que podemos resolver mejor si sólo caminamos sin esperar y sin temer.

Y así como la enseñanza de Brook, cada día, hay que comenzar a crear todo de nuevo, es como un partir de cero de nuevo, y así, creo, repito, creo, que sólo así podemos ir transitando un camino de transformación, para que le permitamos a esa espontaneidad de la vida, que es natural a ella, manifestarse a través de lo otro, de los otros y de nosotros.

La conexión que jamás puedo perder es la conexión con mi corazón, que me conecta con mi alma, y ésta con mi esencia, y ésta con todos, dónde todos somos uno y uno somos todos. El lugar más sagrado de mí es   mi corazón...donde todos somos uno y uno somos todos, y si me curo yo, voy curando a todos, y si ayudo a alguien a curarse, me voy curando también.

Hoy, todo lo demás, me parece irrelevante. Aclaro, sólo hoy (tal vez sea una eternidad).

Cecilia V.




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