Relativamente poco hace que acaban de terminar los Juegos
Olímpicos de Londres, y una disciplina que cada vez se conoce más por verla,
pero aún se desconoce mucho por su esencia, tipo de entrenamiento y demás
aspectos, es la Gimnasia Rítmica.
Difamado su entrenamiento, en algunos medios, como
tortura infantil. Difiero porque viví este entrenamiento durante 11 años, y
cuando uno ama lo que hace sabe que es necesario romper sus propios límites
para alcanzar más perfección, incluso quitar límites del cuerpo físico. Para mí
y todas las gimnastas que han tenido una carrera en este deporte, estoy segura
que jamás es una tortura, sino un disfrute total, sentir esa libertad en el
cuerpo y jugar con los distintos aparatos de la disciplina.
La Gimnasia Artística, tiene como figura ya muy
reconocida, y merecida, a Nadia Comaneci, en Gimnasia Rítmica su equivalente es
Marina Lobach. Nacida en Smolevicki Bielorrusia el 26 de junio de 1970, comenzó
a hacer gimnasia a los 7 años, y se dio a conocer en 1985 en los Campeonatos
Mundiales de Valladolid, en los cuáles terminó en séptimo lugar, ganando
medalla de plata en la prueba por aparato con cuerda.
Siguió participando en competiciones a nivel nacional e internacional, pero su gran triunfo fue en los Juegos Olímpicos de Seul
1988, al ganar medalla de oro individual. La razón por la que decía que es el
equivalente a Nadia Comaneci en la Gimnasia Rítmica, es porque en las 6 pruebas
por aparatos, obtuvo, en todas 10 de calificación. Siendo, como ya mencioné, la
campeona olímpica indiscutible.
Marina se retiró en 1989 y actualmente vive en
Bielorrusia con su familia, es entrenadora y trabaja en la Federación
Bielorrusa de Gimnasia.
Personalmente, extraño mucho ver hoy en día el tipo de
gimnasta que fue Marina, una gimnasta mucho más apegada a la tradición clásica
de la Gimnasia Rítmica, será porque esa tradición fue la que yo también experimenté,
o, sea por su marcada expresividad nostálgica y fuerte que remitía a fuerza al
verla, a los días nublados y entregados sólo a su arte en el socialismo de la
antigua Unión Soviética.
Su precisión y elegancia, a quiénes la conocíamos, no nos
hacía dudar en que era segura siempre, en Seul 1988, una calificación perfecta.
Sería interesante que las personas que en los distintos canales televisivos
comentan esta disciplina cada vez que
son los Juegos Olímpicos, se documentaran un poco más, y hablaran más de Marina
Lobach, de las pocas deportistas que llevaba al deporte a la dimensión del
arte.
Cecilia V.

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