Cuando pensamos en el silencio, a un nivel exterior, pensamos en la ausencia de ruido, éste se capta a través de ondas de sonido, es cierto que puede estar aparentemente un lugar en silencio, pero existen ondas de sonidos que no capta nuestro oído a un nivel consciente, pero que están ahí. Sabemos que lo exterior sólo es el reflejo de lo interior.
Interiormente si hemos recorrido cierto camino espiritual o evolutivo, sabemos que silencio interno es la no presencia de la mente, la no presencia de imágenes o visualizaciones impuestas. No es poner la mente en blanco, es no estar en la mente. Y creemos que si simplemente nos sentamos o acostamos en silencio y meditamos, bajo la técnica que sea, lograremos silencio; cosa que no está garantizada y no es tan sencillo ¿Por qué? Por que existen distintos silencios.
Esos distintos silencios están compuestos o estructurados, por diversos engaños a nivel meditativo que me hacen sentir o creer que he logrado el silencio. Por ejemplo, tener que poner música o una grabación guiada para poder meditar, las personas me comentan que sí les ayuda, que efectivamente después de escuchar su cd con la meditación guiada, se sintieron en mayor paz y silencio, pero es un engaño, porque necesitamos algo externo para lograrlo.
Otro engaño es tener que estar frente a una imagen sagrada, velas, inciensos, es decir, tener que crear un ambiente para ello. No estoy afirmando que sea negativo crear un ambiente propicio, pero el espacio, por sí solo, no garantiza el silencio real que se busca. Y de ahí derivamos, la ropa adecuada, comer cierto tipo de alimentos y demás.
Pero entonces ¿En dónde puedo medir mi calidad de silencio? En la calidad de tu vida cotidiana.
Nos indica que no logramos un silencio auténtico cuando fácilmente en un grupo meditamos horas, pero solos no logramos ni una hora, o cuando logramos el estado con la ayuda de una voz, de entrada si hay una voz que me guíe, jamás lograré el silencio auténtico porque ya el hecho de que mi cerebro esté haciendo la operación de escuchar con mi oído físico, eso ya me indica que estoy en la mente. Sabemos que no logramos el silencio auténtico si llegan constantemente imágenes, emociones y demás ruido mental que actúan como un corcho que no me deja ir más adentro de mi.
Y como decía, la medición está en mi vida cotidiana. Tristemente he conocido personas que se hacen conocer como grandes meditadores, pero que en asuntos cotidianos, son reactivos, y se alteran emocionalmente igual que las personas que jamás han meditado, de hecho, hay personas que jamás han meditado y su cotidiano está cargado de estados que parecen de un gran meditador.
El silencio auténtico, para que nos sea fácil entenderlo es como entrenarse en hacer inmersiones en el mar, sin tanque de oxígeno. Si no conocen esta práctica fascinante, los invito a buscar documentales, videos, de todo lo que debe entrenar alguien que va a hacer inmersiones marinas. El silencio es como sumergirse en el océano. Cada capa del océano tiene una presión distinta y características distintas, hay que conocerlas y dominarlas cada una, nuestro cuerpo va viviendo distintas adaptaciones al igual que la conciencia. Lo mismo es con el silencio.
El silencio auténtico se va desarrollando con los años, con la práctica, así como practican una y otra vez los nadadores que hacen inmersiones, desafiándose un poco cada vez más a ellos mismos, con conocimiento y entrega. Y así como nadie puede sumergirse en las profundidades del océano por otra persona, así nadie puede profundizar en tu silencio, sólo tú mismo; y entre más avanzamos, más nos vamos dando cuenta que ese silencio va siendo como un océano sin fondo, cada vez más profundo.
Cuando vamos entrando en el silencio auténtico, nuestra vida va cambiando, pero no cambia de afuera hacia adentro, sino de adentro hacia afuera, vamos observando todo y a todos distinto, desde lo que sí somos todos en esencia, se van cayendo los engaños de la ilusión del mundo. Y la mente se calla, el silencio ahora vive y está adentro, y podemos hablar, trabajar, llevar a cabo la vida cotidiana, pero adentro de nosotros, siempre hay silencio. A nivel emocional, todo es distinto, se terminan los desajustes e irse con la ola colectiva de emociones. Y lo mejor del silencio auténtico, es que no se puede escribir, ni transmitir, ni describir. Hay que vivirlo, aunque cueste años, vale la alegría.
Cecilia V.
Interiormente si hemos recorrido cierto camino espiritual o evolutivo, sabemos que silencio interno es la no presencia de la mente, la no presencia de imágenes o visualizaciones impuestas. No es poner la mente en blanco, es no estar en la mente. Y creemos que si simplemente nos sentamos o acostamos en silencio y meditamos, bajo la técnica que sea, lograremos silencio; cosa que no está garantizada y no es tan sencillo ¿Por qué? Por que existen distintos silencios.
Esos distintos silencios están compuestos o estructurados, por diversos engaños a nivel meditativo que me hacen sentir o creer que he logrado el silencio. Por ejemplo, tener que poner música o una grabación guiada para poder meditar, las personas me comentan que sí les ayuda, que efectivamente después de escuchar su cd con la meditación guiada, se sintieron en mayor paz y silencio, pero es un engaño, porque necesitamos algo externo para lograrlo.
Otro engaño es tener que estar frente a una imagen sagrada, velas, inciensos, es decir, tener que crear un ambiente para ello. No estoy afirmando que sea negativo crear un ambiente propicio, pero el espacio, por sí solo, no garantiza el silencio real que se busca. Y de ahí derivamos, la ropa adecuada, comer cierto tipo de alimentos y demás.
Pero entonces ¿En dónde puedo medir mi calidad de silencio? En la calidad de tu vida cotidiana.
Nos indica que no logramos un silencio auténtico cuando fácilmente en un grupo meditamos horas, pero solos no logramos ni una hora, o cuando logramos el estado con la ayuda de una voz, de entrada si hay una voz que me guíe, jamás lograré el silencio auténtico porque ya el hecho de que mi cerebro esté haciendo la operación de escuchar con mi oído físico, eso ya me indica que estoy en la mente. Sabemos que no logramos el silencio auténtico si llegan constantemente imágenes, emociones y demás ruido mental que actúan como un corcho que no me deja ir más adentro de mi.
Y como decía, la medición está en mi vida cotidiana. Tristemente he conocido personas que se hacen conocer como grandes meditadores, pero que en asuntos cotidianos, son reactivos, y se alteran emocionalmente igual que las personas que jamás han meditado, de hecho, hay personas que jamás han meditado y su cotidiano está cargado de estados que parecen de un gran meditador.
El silencio auténtico, para que nos sea fácil entenderlo es como entrenarse en hacer inmersiones en el mar, sin tanque de oxígeno. Si no conocen esta práctica fascinante, los invito a buscar documentales, videos, de todo lo que debe entrenar alguien que va a hacer inmersiones marinas. El silencio es como sumergirse en el océano. Cada capa del océano tiene una presión distinta y características distintas, hay que conocerlas y dominarlas cada una, nuestro cuerpo va viviendo distintas adaptaciones al igual que la conciencia. Lo mismo es con el silencio.
El silencio auténtico se va desarrollando con los años, con la práctica, así como practican una y otra vez los nadadores que hacen inmersiones, desafiándose un poco cada vez más a ellos mismos, con conocimiento y entrega. Y así como nadie puede sumergirse en las profundidades del océano por otra persona, así nadie puede profundizar en tu silencio, sólo tú mismo; y entre más avanzamos, más nos vamos dando cuenta que ese silencio va siendo como un océano sin fondo, cada vez más profundo.
Cuando vamos entrando en el silencio auténtico, nuestra vida va cambiando, pero no cambia de afuera hacia adentro, sino de adentro hacia afuera, vamos observando todo y a todos distinto, desde lo que sí somos todos en esencia, se van cayendo los engaños de la ilusión del mundo. Y la mente se calla, el silencio ahora vive y está adentro, y podemos hablar, trabajar, llevar a cabo la vida cotidiana, pero adentro de nosotros, siempre hay silencio. A nivel emocional, todo es distinto, se terminan los desajustes e irse con la ola colectiva de emociones. Y lo mejor del silencio auténtico, es que no se puede escribir, ni transmitir, ni describir. Hay que vivirlo, aunque cueste años, vale la alegría.
Cecilia V.

Comentarios
Publicar un comentario