Uno de los puntos importantes en mi continuo trabajo de investigación en los terrenos de la evolución y conciencia humana, es distinguir dónde reside el conocimiento. Primero debemos definir qué entendemos por conocimiento.
Cuando hablo de conocimiento me refiero a la serie de herramientas, facultades e información que me permiten realizar algo, no al cúmulo de datos, estadísticas, fechas, frases etcétera, que acumulamos a nivel racional pero que no van más allá.
Quien posee conocimiento, del área que sea, puede moverse con mayor facilidad en sus ámbitos, puede resolver asuntos gracias a este conocimiento y puede crear, puede accionar; obviamente, los resultados son palpables, tangibles, evidentes, cuando las personas accionan desde el conocimiento.
Aristóteles dice que no hay conocimiento en la razón que no haya pasado antes por los sentidos. Es claro que cuando sabemos algo, nuestra razón lo puede explicar y desmenuzar, pero no radica ahí el saber esencial.
A lo largo de mi experiencia como terapeuta he escuchado a muchas personas decirme que saben las cosas racionalmente pero que no pueden llevar a cabo determinadas cosas, ejemplo: Saben racionalmente que no deben crear apegos, o que deben liberarse de apegos, pero no saben ejecutarlo, accionarlo, no pueden lograr a nivel integral en ellos, no crear apegos y soltar.
La cultura de los decretos ha hecho mucho daño en este sentido, induciendo a enfrascarse en decretar una y otra vez algo, pero sin proporcionar las herramientas de cómo concreto y qué tengo que accionar para concretar lo que decreto.
Conocimiento y saber no es lo mismo, el conocer es ya haberse empapado de determinada información de haberla comprendido bien, el saber es tener ya integrado ese conocimiento, ya estarlo ejecutando, sin usar la razón, aunque reitero, si alguien pregunta ¿Cómo lo haces? Mi razón es la que explica. El saber se da a través de vivencias, es decir a través de situaciones en las cuales he resuelto asuntos y he actuado (accionando) desde lo que sé, no desde lo que creo, no desde lo que conozco, sino desde lo que sé.
No es un saber real, cuando podemos explicarlo, y tenemos todo ordenado en la razón, pero en nuestra vida no está concretado, reflejado, manifestándose. La evolución correcta es la que me va llevando a unificar lo que primero pasa por mis sentidos, luego a la razón y al final a un saber, el cual radica en el alma, en sus facultades.
Cuando sé algo, no tengo que estar pensando en eso, sólo acciono y se crea en mi realidad, eso que sé.
Gracias.
Cecilia V.
Cuando hablo de conocimiento me refiero a la serie de herramientas, facultades e información que me permiten realizar algo, no al cúmulo de datos, estadísticas, fechas, frases etcétera, que acumulamos a nivel racional pero que no van más allá.
Quien posee conocimiento, del área que sea, puede moverse con mayor facilidad en sus ámbitos, puede resolver asuntos gracias a este conocimiento y puede crear, puede accionar; obviamente, los resultados son palpables, tangibles, evidentes, cuando las personas accionan desde el conocimiento.
Aristóteles dice que no hay conocimiento en la razón que no haya pasado antes por los sentidos. Es claro que cuando sabemos algo, nuestra razón lo puede explicar y desmenuzar, pero no radica ahí el saber esencial.
A lo largo de mi experiencia como terapeuta he escuchado a muchas personas decirme que saben las cosas racionalmente pero que no pueden llevar a cabo determinadas cosas, ejemplo: Saben racionalmente que no deben crear apegos, o que deben liberarse de apegos, pero no saben ejecutarlo, accionarlo, no pueden lograr a nivel integral en ellos, no crear apegos y soltar.
La cultura de los decretos ha hecho mucho daño en este sentido, induciendo a enfrascarse en decretar una y otra vez algo, pero sin proporcionar las herramientas de cómo concreto y qué tengo que accionar para concretar lo que decreto.
Conocimiento y saber no es lo mismo, el conocer es ya haberse empapado de determinada información de haberla comprendido bien, el saber es tener ya integrado ese conocimiento, ya estarlo ejecutando, sin usar la razón, aunque reitero, si alguien pregunta ¿Cómo lo haces? Mi razón es la que explica. El saber se da a través de vivencias, es decir a través de situaciones en las cuales he resuelto asuntos y he actuado (accionando) desde lo que sé, no desde lo que creo, no desde lo que conozco, sino desde lo que sé.
No es un saber real, cuando podemos explicarlo, y tenemos todo ordenado en la razón, pero en nuestra vida no está concretado, reflejado, manifestándose. La evolución correcta es la que me va llevando a unificar lo que primero pasa por mis sentidos, luego a la razón y al final a un saber, el cual radica en el alma, en sus facultades.
Cuando sé algo, no tengo que estar pensando en eso, sólo acciono y se crea en mi realidad, eso que sé.
Gracias.
Cecilia V.

Comentarios
Publicar un comentario