Es un estereotipo de vida, creer que la infancia es la etapa más feliz de la vida. Somos afortunados de sobra los que fuimos muy felices de niños, pero más que la etapa más feliz, entre más avanzo como terapeuta, sigo confirmando que es la más importante.
En la infancia es cuando se graban a nivel celular, neuronal, chakrico, aúrico, y en demás estructuras del sistema energético humano, un sin fin de programas, archivos, memorias, registros, huellas energéticas, a nivel de pensamientos, emocional, físico y psíquico. Es en la infancia donde estamos más libres de todo condicionamiento, pero por ello, somos más propensos a ser condicionados, programados.
Hasta el día de hoy, el ser humano cae en el error de pensar que los niños no saben lo que está sucediendo a su alrededor, que no se dan cuenta, que no saben, que son más instinto que inteligencia, lo cual es totalmente falso. Creer que el adulto sabe más que el niño, es un aspecto de la ignorancia de lo que somos en esencia. Y ya hemos comentado que sobretodo, hoy en día, los niños saben mucho más que sus padres, personalmente, creo que siempre ha sido así.
La sociedad, escuelas, religiones, tradiciones familiares, se encargan de reprimir y bloquear el comportamiento, formas de ser y expresarse naturales y particulares de ese niño o niña, para condicionarlo y hacerlo " a la medida" de su zona de confort adulta. Sabemos que afortunadamente existen excepciones de padres, o tutores de los niños que permiten la expresividad y libertad del niño.
Muchos padres o personas a cargo de los niños no tienen idea del detrimento que generan en los niños por limitarles su manera de ser, expresarse y vivir, un padre o quien esté a cargo de un niño debe tener la maestría para guiarlo, indicarle límites y cómo fluir en el mundo, pero sin "mutilarlo" a nivel de lo que el niño es en esencia.
Sobran ejemplos, como niñas que quieren jugar con carritos, o niños que quieren jugar con muñecas, y los padres o profesores, no lo permiten, y en sus argumentaciones está el famoso "Así debe ser" aunque no tengan ni idea quién o qué impuso esos patrones de vida. Lo que ignoramos muchas veces es que reprimimos por miedo, y proyectamos, es decir, lanzamos energéticamente, ese miedo a los niños. Como el hombre o mujer adultos, no han trabajado en sí mismos, no tienen idea que seguir reglas arbitrarias, condicionamientos, costumbres, religiones (dogmas), tradiciones, es el resultado de miedos no resueltos en ellos mismos.
Y como es muy difícil, a menos que el adulto esté o haya hecho un trabajo interno en sí mismo, darse cuenta que hay miedos, entonces son proyectados a nivel psíquico y a nivel energético es como si tal cual, lanzaran una red hacia los niños tejida de programas y condicionamientos que mata su vida natural y gozo.
Me viene el recuerdo de estar en un hotel en la playa desayunando y ver a dos bebés como de un año y medio, gateando, en el piso del restaurante del hotel, los bebés, sólo vestían un pañal, y felizmente gateaban por el piso de mármol del restaurante, sus mamás y papás, los vigilaban, cuidaban pero jamás reprimían nada. Me sentí feliz de ver esto en ellos, pensé en la cantidad de padres aprehensivos que jamás hubieran permitido que sus bebés gatearan en un piso frío, y mucho menos sin ropa,con sólo en pañal. Pero lo que estaban generando estos padres en sus hijos es seguridad, confianza, libertad, como sensaciones primordiales de vida, y me fascinó que jamás pasó por su mente: "Se va a enfermar, el piso está frío y sucio".
Es triste lo que la humanidad se ha hecho a sí misma, se ha permitido bloquearse el gozo natural de vivir, y no confía en su cuerpo, creyéndolo enfermizo, débil; y todo esto comienza desde la infancia. Debemos comprender que el niño tiene un rango de sensibilidad mil veces más alto que el de un adulto, y que aunque a nivel racional no puede definírselo, siente más que un adulto, un rechazo, un grito, un golpe, una amenaza, un miedo inculcado; así como también siente más el amor, el compartir, la risa, los abrazos, la alegría.
Seamos más humildes como adultos y permitámonos ver y dilucidar todo el saber que hay detrás de los ojos, palabras, acciones de un niño o una niña; permitámonos la renovación del alma en el compartir con ellos, y por favor dejemos que sean ellos mismos, y evitemos que se conviertan en un robot biológico más programado del sistema, que se mueve pero que por dentro no está vivo.
Cuando se alude que la virtud de ser niño es la inocencia, creo que la inocencia, está en quien afirma esto. Las virtudes de los niños son muchas más, cada una es especial, fascinante, cada una conteniendo información de nuestra esencia primordial. Coincido con la frase:
Infancia es destino.
Crea un día pleno para los niños cercanos a tí este lunes y respétate y respétalos manteniendo creaciones de días donde ellos puedan fluir plenos.
Gracias.
Cecilia V.

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