Ignoramos, muchas veces que los abismos emocionales en los que caemos en la vida, podrían evitarse perdonando. Reitero siempre que el perdón es un proceso, es decir, no es algo que sucede en un momento y por simple elección, es un proceso de vida que su duración, depende de muchos factores.
A raíz de rupturas amorosas, pérdidas de personas queridas y mascotas, abandonos, rechazos, fracasos, etcétera, es decir, a raíz de situaciones que nos vulneran fuerte emocionalmente, siempre se presenta la emergencia de perdonar.
A veces como no es tan evidente qué debemos perdonar o a quién, dejamos de lado este proceso del perdón y buscamos soluciones por otras líneas, que ayudan, pero tal vez no curen del todo, porque no hemos tomado en cuenta el perdonar.
A nivel emocional, el no perdonar, nos introduce en abismos emocionales que generan daños fuertes y dolorosos en la vida. Ayer escribía qué partes del cuerpo se dañan por no perdonar, debemos considerar, que primero hay un daño a nivel de pensamientos, luego a nivel emocional y al final a nivel físico; así en el tema de hoy, hay que seguir tomando en cuenta la gama grande de enfermedades que se dan por no perdonar.
Pero un daño emocional por no perdonar, puede llevar a la persona a una depresión profunda, que puede degenerar en extremo incluso por ejemplo, hasta el suicidio. También se puede dar un aislamiento, en el cual la persona se prohíbe vivir nuevas experiencias de vida, darse nuevas oportunidades y generar un "no merecimiento" y sabotearse a sí misma constantemente.También por ejemplo, otra situación emocional dañina por no perdonar, es albergar enojos, rencor, en el peor de los casos, odios, lo cual lleva a una amargura de carácter, a ser pesimista, a tener un enfoque siempre negativo de las cosas, de las situaciones, de las personas, a criticar, a quejarse como rutina de vida. Son sólo pocos casos que se derivan de una falta de perdón, y entre más tiempo pase, más se va cayendo en ese abismo.
Una persona que ha perdonado, está abierta a la vida, a las personas (sabiendo siempre poner sus propios límites), tiene un enfoque de seguir, de evolucionar, va en pro del desarrollo de su conciencia, se hace responsable de sí misma, de su vida; es capaz de abrazar la ternura, la alegría, el gozo, y comprende que no es una víctima y que todo ha tenido sentido.
Cecilia V.
A raíz de rupturas amorosas, pérdidas de personas queridas y mascotas, abandonos, rechazos, fracasos, etcétera, es decir, a raíz de situaciones que nos vulneran fuerte emocionalmente, siempre se presenta la emergencia de perdonar.
A veces como no es tan evidente qué debemos perdonar o a quién, dejamos de lado este proceso del perdón y buscamos soluciones por otras líneas, que ayudan, pero tal vez no curen del todo, porque no hemos tomado en cuenta el perdonar.
A nivel emocional, el no perdonar, nos introduce en abismos emocionales que generan daños fuertes y dolorosos en la vida. Ayer escribía qué partes del cuerpo se dañan por no perdonar, debemos considerar, que primero hay un daño a nivel de pensamientos, luego a nivel emocional y al final a nivel físico; así en el tema de hoy, hay que seguir tomando en cuenta la gama grande de enfermedades que se dan por no perdonar.
Pero un daño emocional por no perdonar, puede llevar a la persona a una depresión profunda, que puede degenerar en extremo incluso por ejemplo, hasta el suicidio. También se puede dar un aislamiento, en el cual la persona se prohíbe vivir nuevas experiencias de vida, darse nuevas oportunidades y generar un "no merecimiento" y sabotearse a sí misma constantemente.También por ejemplo, otra situación emocional dañina por no perdonar, es albergar enojos, rencor, en el peor de los casos, odios, lo cual lleva a una amargura de carácter, a ser pesimista, a tener un enfoque siempre negativo de las cosas, de las situaciones, de las personas, a criticar, a quejarse como rutina de vida. Son sólo pocos casos que se derivan de una falta de perdón, y entre más tiempo pase, más se va cayendo en ese abismo.
Una persona que ha perdonado, está abierta a la vida, a las personas (sabiendo siempre poner sus propios límites), tiene un enfoque de seguir, de evolucionar, va en pro del desarrollo de su conciencia, se hace responsable de sí misma, de su vida; es capaz de abrazar la ternura, la alegría, el gozo, y comprende que no es una víctima y que todo ha tenido sentido.
Cecilia V.

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