Sobre la guía a los niños.


Es real que siempre las generaciones cambian y se van transformando, es cierto que cada generación de padres se ha enfrentado a retos complicados al guiar y educar a sus hijos, pero las condiciones de vida actuales, exigen mayores facultades y creatividad de los padres para la crianza de sus hijos.

El mundo infantil es completamente distinto al adulto, desgraciadamente, pocos adultos conservan conexión con su vida infantil y van construyendo toda una estructura de vida para los niños que para ellos es muy ajena. Debemos considerar que la percepción del niño es muchísimo más profunda, hasta los 7 años las frecuencias cerebrales de un niño están en alfa, y esto hace que todos los estímulos que recibe lleven una carga profunda a nivel mental y emocional.

Al hacer, por ejemplo, que un niño aprenda a escribir a los 3 ó 4 años, se está acelerando su cerebro a frecuencias beta, lo cual lleva al niño a interrumpir un proceso natural de aprendizaje, por algo impuesto y es forzado a acelerarse. Un niño debe ser eso, un niño, no un adulto chiquito, si un niño se pierde su infancia por acelerarse con estímulos que van en frecuencias más rápidas que él, se perderá su infancia, es decir, se perderá todas las oportunidades de desarrollo propias de cada día de su vida.

No se debe generar el malentendido, de que el niño no debe aprender nada hasta que sale de frecuencias alfa su cerebro, debe desarrollar lo que le corresponde en el momento justo, la naturaleza misma va guiando al niño en este proceso, a través de lo más sencillo y complejo a la vez que es el juego y el contacto real con la vida, los niños van integrando la información y desarrollando su ser.

La tarea pues de los padres o de quienes están a cargo de los más pequeños, no es tanto enseñar, sino permitir, es decir, permitir que ese niño pueda irse desarrollando y expresándose, permitir que pueda ser. Es como trazarle un camino por el cual el niño transite a su manera, y el adulto irá colocando los límites necesarios en ese camino, irá observando con mucho cuidado y amor si ese transitar del niño está siendo pleno o no, e irá transformando ese camino para que el ser de ese niño siga caminando.

Recordar que los hijos no son de los padres, es una mentalidad sana para ayudarlos a crecer y en su momento, ser adultos responsables de sí mismos. Recuerdo la frase: "Infancia es destino"... ¿Ustedes qué piensan?

Cecilia V.

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